Las emociones que planto en mi hijo



"No esperes un durazno si lo que has plantado es un peral" 

Cuando los padres se quejan y toman actitud de víctimas frente a las actitudes y acciones de sus hijos, les pregunto:  ¿Qué semillas has plantado en el campo de tu hijo? 

La cara de sorpresa que ponen realmente resulta graciosa. En primera porque parece que nunca antes habían tomado en cuenta que sus hijos son campos fértiles que reciben por igual manera, semillas (emociones) tanto "buenas" como "malas".   ¿Y de quién reciben esas semillas?  ¡Pues claro de los padres!
Un padre es el agricultor del campo emocional de su hijo. Y más allá de que suene bonito, es una verdad que todo padre tiene que afrontar con responsabilidad. 
Todo lo que piensas, dices y actúas; cae en la tierra fértil del campo emocional de tu hijo. Por tanto -y aquí viene la cruda realidad-,  tú eres responsable de lo que el exterior cosecha de tu pequeño. 
¿El exterior? Sí, el exterior.  
Aunque cada uno creemos que vivimos en nuestro propio mundo y que en nada nos afecta y afectamos al exterior, pues lamento informarte que no es así.  Tu hijo tiene amigos, vecinos, profesores, familiares y extraños a su alrededor con los que interactúan diaria o eventualmente, y con los que ponen en práctica todo lo que han absorbido de ti.  Así que si alguien quiere conocerte, solo basta con tratar con tu hijo para saber quién eres. 

Ponte a meditar un momento qué clase de emociones son las que siembras en tu hijo. ¿Cuál es el costal que llevas a su campo fértil?:
  • El costal de basura emocional: enojo, frustración, tristeza, depresión, rencor, juicio, crítica, desvalorización, etc.
  • El costal de alimento emocional: ánimo, decisión, tranquilidad, paz, alegría, amor, respeto, creatividad, imaginación, valores, etc.

Recuerda que tu hijo es el reflejo de quien eres. Así que no te esfuerces de más en procurarle "castigos", mejor comienza a corregirte tú.  Y si piensas que no tienes nada que corregir, te invito a que hagas una lista de las emociones que consideras erróneas en tu hijo. Haz este ejercicio por lo menos durante una semana, escríbelas, analizalas y con toda honestidad reconoce si de alguna manera directa o indirecta se las has transmitido. Recuerda que asumir la responsabilidad es un acto de valientes, y una recompensa para quien sabe darle una nueva visión. Porque a fin de cuentas si te das cuenta de un error lo puedes corregir, no así si te mantienes en la ceguera de creer que nada tienes tú que ver con el buen desarrollo de tus pequeños. 

¿Lo intentas?





[imagen tomada de la red]







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