¿Padres o amigos?



En la actualidad cuando los padres hablan de sus hijos es muy común escuchar la frase de: "Yo soy amigo de mi hijo", pero, ¿es posible eso?

Digamos que es posible, pero un porcentaje muy bajo de padres lo consigue sin pasar por amargas experiencias. 

Antes de adentrarnos en la amistad paternal -por paternal tómese padre y  madre por igual-, veamos cuáles son los factores emocionales que lleva a un padre a preferir ser un buen amigo de su hijo, que ser un buen padre. 

De acuerdo a la experiencia que me ha tocado ver y compartir con otros padres, una de las principales causas de ser más amigo que figura paterna, es la experiencia vivida en la infancia en relación a los propios padres (hoy abuelos). Pues una basta mayoría de padres de hoy, coinciden en que los padres de ayer resultaban ser muy autoritarios y distantes, por lo que  pocas veces permitían un acercamiento que consideraran rompiera con la distancia "natural" entre padres e hijos. 

Otra, es la idea de parecer un padre juvenil. Esta es muy curiosa, porque a primera vista resulta muy "cool" estar en sintonía con nuestros hijos; pues no solo asegura una mejor interacción, sino que da una sensación de mantenerse moderno. Pero si le rascamos a fondo, lo que podemos encontrar muchas veces es una inseguridad de ser guía de nuestros pequeños. Porque es mejor pasar por un papá_chavo irresponsable y dispuesto a equivocarse; que aceptar el pánico que provoca ser el ejemplo a seguir de un infante, y lo poco capacitados que nos sentimos para tal rol. 

Y aunque faltan muchas otras, resaltaremos que gustamos de ser amigos para general distancia. Irónico ¿no?, pero es así. Resulta que ésta ultima parte de ser amigo distante, se basa en ser el "buena onda" que cumple todos los caprichos, que consiente, que no regaña y es siempre el papá barco que el niño adora porque le cumple todo. Pero ese todo es simplemente material, porque emocionalmente no hay vínculo. Es el clásico papá: te doy, te doy para zafarme de estar contigo.

Ahora, después de ver estas breves causas disfrazadas de buenas intensiones digamos con sinceridad. Realmente ¿estamos haciendo bien siendo más amigos que padres de nuestros hijos?  Bajo estas condiciones yo diría que no. Partir de causas equivocadas nos llevan a resultados errados. Porque aunque no niego que hay padres que antes y hoy han logrado que sus hijos los consideren buenos amigos, lo cierto es que hay otros que fuera de obtener una mejor relación, terminan generando separación.

Permitir que nuestros hijos nos vean como sus amigos resulta simpático siempre y cuando no lleguen a la adolescencia. Porque cuando rebasan ése límite, muchos padres se jalan de los cabellos a la hora que los hijos no les tienen ningún respeto como autoridad paternal. Y bueno, la verdad es que muchos ya se pegan contra la pared con hijos de menor edad. 

¿Qué hacer? Lo mejor siempre será el equilibrio. Trabajar por ser un buen ejemplo de padres y ser amigos cuando lo amerite, siempre desde las causas correctas. 


[Dibujo tomado de la red]


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