Padres buenos, ¿hijos malos?



Llego el período vacacional de invierno, para muchos es motivo de alivio; sin embargo para otros es motivo de estrés y preocupación. 

He escuchado en la última semana, a maestros y un par de niños alegrarse de no ver por un tiempo a los que consideran "niños malos". Por otro lado, tronarse los dedos algunos padres por no saber qué hacer con sus hijos en vacaciones. 

Cuando les pregunté a los menores el por qué se alegraban tanto de no ver a por lo menos uno de sus compañeros, la respuesta fue la siguiente:

_"Es que fulanito de tal es muy molesto, latoso, grosero, mentiroso y trata mal a los demás. Nadie quiere ser su amigo, a todos nos cae mal. Además es un chillón cuando no lo invitamos a jugar o venir a nuestras casas"

Inmediatamente pensé: ¿por qué un niño que es tan "malo" con sus compañeros, llora si no lo integran con ellos? 

Les pregunté: ¿No creen que se porta así porque no sabe como acercarse a ustedes?

_"No. Es malo"

¿Ustedes conocen a sus papás? - pregunté. 

_"Sí"

¿Y cómo son ellos? - volví a preguntar. 

_"Se ve que son buena onda. Nuestros papás dicen que ellos son buenos, pero su hijo no".


Esta descripción es muy frecuente. Generalmente diagnosticamos a un niño como "malo", y nos apenamos por la dura situación que deben pasar sus padres con un hijo así. Pero pocas veces o casi nunca meditamos en que los hijos son, el reflejo de los padres.

Cuando una pareja viene a consultarme sobre la mala conducta de su hijo, o su poca capacidad de desarrollo en inteligencia emocional; mi primera pregunta a cada uno es: ¿qué reconoces de tu conducta en tu hijo? Al principio es muy común que digan que nada... pero con ejercicios y mucha sinceridad, acaban reconociendo lo mucho que su hijo refleja de ellos. 

Nosotros como adultos podemos fingir ante la sociedad. Aparentamos que somos una gran pareja y excelentes padres. Sonreímos en las convivencias sociales y tratamos de corregir a nuestros hijos en público, para que vean que sí ponemos empeño en su educación. 
Pero los niños son diferentes. Ellos pocas veces pueden actuar social y emocionalmente; y dado que son una esponja que absorbe todo lo que les proporcionamos directa e indirectamente, en ellos podemos ver quienes somos como padres. 

En el artículo de "madre agotada emocionalmente" (si no lo has leído te aconsejo que lo leas), comentamos que los hijos se impregnan de todo cuanto les rodea, principalmente del ambiente familiar. Por ello, cuando los padres detectan que su hijo se esta volviendo "malo", es momento de ver que esta sucediendo dentro de la comunicación en el hogar, y qué emociones están pululando sobre la superficie de la pareja.

Porque ciertamente los padres "buenos" pueden formar hijos "malos", pero los buenos padres preferirán darse cuenta de los errores cometidos en su labor como guías y corregirlos a tiempo; antes de permitir que su pequeño pasé por inestable y malo por naturaleza. 



[imagen tomada de la red] 


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