Santa Claus & los Reyes Magos



Fin de año es en muchas partes del mundo, una época memorable que se espera con ansias y grandes expectativas; sobre todo los más pequeños, porque es cuando los personajes de "Santa Claus y los Reyes Magos" hacen su aparición, y conceden sus deseos al regalarles el tesoro más preciado de la infancia: juguetes. 

Dichos juguetes, según se sabe, son la recompensa por el buen comportamiento que todo niño se ha esmerado en tener durante todo el año. Pero últimamente no se sabe que esta sucediendo con estos fantásticos personajes, pues parecen haber perdido su habilidad de observación y/o  ha disminuido su interés en la bondad, empatía y amor de la sociedad. Porque si fuesen un pelín sinceros, honestos y justos; cada fin de año serían pocos los niños que recibirían por lo menos un juguete de los 5 o 10 que se alocan en escoger. ¿Qué les estará pasando?

Como soy muy curiosa, antes de dejarles una carta en su respectiva noche de aparición, le pregunté a un pequeño en consulta si éste año creía que merecía que le trajeran todas las cosas que estaba a punto de pedir. Y me respondió con un efusivo: ¡claro que sí! 
-¿En serio? _le pregunté. Porque ya sabes que ellos ven todo lo que haces durante todo el año, no se les puede engañar. Aquí entre tú y yo ¿de verdad te has portado tan bien?  
-Sí _volvió a responder. 
-Haber vamos a ver si es cierto _le dije.  ¿Haces todas las labores que tus padres te solicitan? Cuando te equivocas ¿ofreces una disculpa? ¿Respetas a tus mayores, profesores y compañeros de colegio? ¿Nunca les contestas mal a tus padres? Bueno, ¿por lo menos das los buenos días y saludas cuando llegas a un lugar?
- Bueno no, no todo eso. 
- Entonces ¿realmente te mereces todo lo que pides? 
- No. Pero de todos modos me lo van a traer. 
- Y ¿por qué crees que hacen eso?
- No sé. Siempre me han traído, los papás siempre dicen que no traen cuando te portas mal pero no es cierto. Tengo amigos que se portan muy mal y les dejan muchos juguetes. Ellos son buenos y los papás mienten.  (Niño de ocho años)

Yo creo que éste niño tiene razón: los papás mienten. Por lo menos le mienten a "Santa Claus y los Reyes Magos", porque nosotros sabemos que estos adorables personajes no se dan abasto para observar a millones de niños en todo el mundo las 24 horas del día; por tanto, piden el favor a los sinceros padres para conocer las acciones de sus hijos. Los padres claro esta, mienten. Mienten y les dicen que sus hijos sí merecen toda la cantidad de juguetes que piden ... pero, ¿por qué hacer eso?

Por culpabilidad emocional y competencia social.  Como hoy día los padres no pueden y otras veces no quieren compartir tiempo de calidad con sus hijos, lo más fácil es recompensarlos con cosas materiales, y qué mejor ocasión que estas fechas de fin de año para ofrecer una avalancha de cosas que creen sustituyen la avalancha de afecto que sus hijos necesitan. Aunado a eso esta la competencia con los otros padres y hasta con sus propios padres. 
Es común que cuando no se obtuvo lo que se quería de pequeño, se prometa el ser humano así mismo que sus hijos sí lo tendrán, con el fin de superar a sus antecesores y cumplir de alguna manera con la "evolución", pero hay de evoluciones a evoluciones... no siempre el tener más te hacer ser mejor que el que tuvo menos. 
Lo mismo sucede con la competencia con los otros padres, pues de manera falsa el saber que puedes dar igual o más que otra pareja de papás, da una cierta sensación de valoración y superioridad, pero en todos los casos anteriores, un juguete jamás dará la estabilidad emocional que los hijos necesitan por medio de la buena guía y sobre todo con la sensación de real merecimiento de lo que obtienen. 

Seamos honestos con los Reyes Magos, expongamos las buenas acciones de nuestros hijos, así como las no tan buenas y dejemos que pongan en una balanza justa lo que deben recibir conforme sus actos. Si todos los padres al rededor del mundo hicieran esto, pronto formaríamos una sociedad interesada en realizar buenas acciones y dejaríamos atrás la sociedad que aspira a tener con trampas y sin importar a quién pisotea. 







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