Amor a mi hijo: abrazos al cuerpo, besos al espíritu





Sin importar las creencias religiosas o filosofías de vida, ninguno de nosotros podemos negar que somos más que un cuerpo andante en éste mundo.  Ejemplo de ello es que durante esta semana, en el mundo se conmemora por un lado la partida y resurrección de un maestro, por otro el milagro de una reina,  y finalmente alineaciones planetarias y sucesos astrológicos que para muchos son relevantes en su vida espiritual. 

Aunque como hemos dicho cada individuo tiene la libertad de creer y profesar la ideología que mejor le plazca, es necesario reconocer que tras cada una de esas formas de expresión espiritual, se encuentra la necesidad de alimentar al alma.  Pues de la misma forma que el cuerpo tiene necesidad de alimentación para funcionar correctamente y estar fuerte para combatir cualquier posible enfermedad, de igual forma el alma necesita su dosis de alimento espiritual. Pero, ¿qué es el alimento espiritual? y ¿cómo se consigue?

El alimento espiritual es conocimiento, pero claro, no cualquier tipo de conocimiento. El conocimiento espiritual se basa en la comprensión de quién se Es y para qué se existe.  ¿Fácil?, no. 
Generalmente crecemos con la idea que de que somos mente, cuerpo y espíritu... y ya, hasta ahí. Pero siendo sinceros ¿cuántas veces hemos decidido ir más allá de ésa simple frase?   Pocas, muy pocas. 

Como adultos seguimos en la mayoría de las veces, pensando mal; por lo que en cuanto al tema mental aún cometemos errores. En cuanto al cuerpo, es verdad que hemos enfocado más los esfuerzos: hacemos ejercicio, nos alimentamos lo mejor posible, entramos a la nueva idea de que lo verde es lo de hoy, y muchas veces más recaemos en los viejos y malos patrones de alimentos para sumirnos en la culpa y volver a comenzar. Pero en cuanto al tema espiritual, la situación se complica un poquitín más. pues lo espiritual se vuelve muchas veces esporádico y nos llenamos de expectativas, que al no cumplirse en nuestro tiempo nos hace abandonar la ruta.

Entonces, si nosotros aún estamos en conflicto con todo lo que nos forma ¿podemos ser la guía de nuestros hijos?

Sí. Es precisamente por nuestros hijos, que debemos aplicarnos en nosotros. Enfocarnos en el conocimiento de quienes somos, nos da la capacidad de orientar a los chicos en quienes son y en que perfección de sí mismos alcanzarán después por sus propios logros. 
Esta muy bien ocuparnos de su bienestar físico, de sus necesidades materiales, pero esta increíble aportarles herramientas espirituales.  

Dichas herramientas tienen que ir mucho más allá de la tradición a la que estamos acostumbrados, tenemos que sumergirnos en aquello que nos llena, comprender su origen, su propósito y llevarlo a la práctica. Cuando un infante tiene la capacidad de reconocerse a sí mismo más allá de lo literal, tiene la capacidad de ver e interactuar con el mundo de otra forma. Pues consigue  controlar aquello que en otra circunstancia le provocaría temor e inseguridad. 

Saber que todo el mundo es igual a él mismo, y que él mismo forma parte de un todo, le proporciona compromiso por el todo y confianza en todo. Si queremos formar una sociedad diferente, evidentemente tenemos que comenzar por nosotros mismos, ser el ejemplo de nuestros hijos y orientarles en el interés del prójimo, de que sus acciones tienen repercusiones, no solo para sí, sino para todo lo que le rodea, tal como conocemos el "efecto mariposa".  Si todos vamos comprendiendo esa simple y tangible idea, podemos ir modificando esta realidad.

Esta genial que disfrutes de tus vacaciones, pero también procura entablar conversaciones de más profundidad con tus seres queridos. Si tienes el conocimiento, compártelo con sabiduría, y si sientes que aún te falta es momento de introducirte más en el alimento de tu alma. 

Que tengas felices días de descanso y extraordinarios momentos de espiritualidad. 

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