Berrinche: mi reacción, mi estado interior





A todos nos ha pasado ver la escena de un niño haciendo berrinche: en un centro comercial, en el transporte público, en un colegio, o simplemente en medio de la calle.  También es muy probable que el infante que nos acompaña ser el protagonista de la historia. Tanto si somos espectadores o participes de la acción, este entrada es para cada uno de nosotros. 

Presenciar el berrinche de un infante, es uno de los momentos más incómodos en la interacción con los niños... pero, ¿por qué?  Ciertamente puede resultar frustrante no "controlar" a ése pequeño ser humano de apariencia inocente y delicada, quizá para alguien más sea insoportable el llanto para sus oídos, no sé, las variantes pueden ser muchas; pero las causas son realmente pocas. 

Imaginemos dos aspectos de una misma historia.  Supongamos que te topas a la mujer de la ilustración, y de pronto su angelical hijo comienza la faena de llorar, gritar, hasta llegar al berreo y la ira.  ¿Qué crees que sea lo primero que pasé por tu cabeza?  Venga, saquemos la honestidad; al fin y al cabo en este instante no hay nadie que te pueda escuchar. 
Como aquí se trata de colaborar, pero de momento no puedo escucharte, te voy a compartir lo que otras personas han opinado al respecto. Mujeres y hombres con los que he consultado, reacciones que he observado y lógicamente mi experiencia. 

En lo que la mayoría ha coincidido (ya verás si te identificas o no), es en que el menor merece un castigo: darle una nalgada, dejarlo ahí con la amenaza de que alguien "malo" se lo llevará, llevárselo por la fuerza y reprenderlo después.  
Una, digamos minoría piensa que no es bueno hacerle nada... en público, aguantar el berrinche con diplomacia e irse rápidamente para no molestar a los demás. 
Y por último la mini minoría pasa del tema y prefiere entretenerse en algo más. 

¿Estuviste de acuerdo con algo de lo anterior?,  bien, no lo olvides. Sigamos. 

Ahora demos la vuelta a la historia, imagina que eres tú la mujer de la ilustración (da igual que seas hombre).  De pronto tu hijo hace un gran berrinche por la razón que quieras.  Grita, patalea, te jala los cabellos, te insulta, se tira al suelo y se retuerce, de pronto parece adquirir la fuerza de 5 hombres  y no lo puedes controlar... en fin, una pesadilla. Aunado a eso, te hace el foto de atención de la gente a tu alrededor: miradas, susurros, muecas, pensamientos que realmente no oyes pero aseguras que puedes adivinar.  ¿Qué pasa por tu mente?  

Veamos si estás dentro de esta pequeña categoría:

*Me da vergüenza 
*Tengo ira 
*Me siento culpable 
*Hago como que no me afecta

Para éstas alturas seguro ya relacionaste perfectamente el título de esta entrada con lo las emociones que has manifestado. Tanto si fuiste espectador, como si eras parte de la acción. 
Por lo que tendrás en cuenta que los "berrinches" de tu (s) hijo (s), no expresan del todo una afección en ellos, sino algo que no has visto ni corregido en ti.  

¿¡Qué!?    Sí, has leído bien, tú hijo te muestra algo que no has trabajado en ti. 

La diferencia que existe entre unos padres que no sufren de los berrinches de sus hijos, y los que sí, no radica en que unos tienen la dicha de tener ángeles por descendientes; sino en la salud emocional de los progenitores.  Obviamente existen padres que tienen tan sometidos a sus hijos que estos no se expresan, pero ése es otro tema para el blog.  Estamos hablando de padres que saben conducirse emocionalmente de forma adecuada, que no necesitan este tipo de espejo para descubrir patrones de conducta equivocados. 

Lo que te hace sentir el berrinche de tu hijo es una pequeña muestra de algo que tienes que trabajar en ti. De igual forma aquello que pensamos que debe hacer un padre a la hora en que observamos un berrinche, dice mucho de lo que debemos transformar en nosotros. 

¿Para qué queremos que "castiguen" a un menor?
¿Por qué afectan tanto las miradas y murmuraciones?
¿Para qué queremos fingir que no pasa nada?
¿Para qué tenemos vergüenza?

En general debemos preguntarnos por y para qué sentimos lo que sentimos. Qué hay detrás de esta emoción, y si realmente lo que esta aconteciendo ahora es la causa de mi reacción.

La razón por la que he titulado este blog "padres felices - hijos sanos", es porque todo lo que pasa con los hijos es reflejo de quienes somos. Y es momento de modificar la vieja idea de "olvidarse de uno mismo para enfocarse en los hijos", pues no podrás nunca ofrecerte al 100% de tu plenitud, si te omites y haces de lado lo que te afecta.  Los hijos son un gran regalo de la vida, pues son los espejos que reflejan quienes somos y en ellos podemos conocer hasta donde podemos llegar y crecer. Ellos tendrán su vida y sus propias vivencias y correcciones, pero mientras dependen emocionalmente de los padres, son los padres los que forman y se forman así mismos con la interacción con ellos. 

Recuerda que si algo pasa con tu hijo, primero ha pasado por ti.  Si estas pasando por situaciones que te incomodan, es tiempo quizá de buscar ayuda, alguien que te apoye en tu crecimiento y en la formación de tu familia. Comienza a desear tu bienestar para el bienestar de tu (s) hijo (s) y tu entorno. Se puede, se consigue... y todo comienza con la intención de hacerlo. 


"Tienes un tema que te gustaría tratar, ponte en contacto"


Nota: Imagen tomada de la red





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