Papás, no me dejen solo





Hoy día, y no es crítica es solo para poner un ejemplo, muchas son las personas _incluidos los que son padres_ que han desarrollado verdadera devoción por el bienestar de los animales. Sobre todo de los animales considerados de compañía, como perros y gatos. Incluso ya existen organizaciones que arman fiestas de cumpleaños para nuestras mascotas, lo que es extraordinario, pues es muy grato devolverles un poco del mucho amor que profesan por sus "dueños".  Lo que no esta tan lindo, es cuando como personas, y sobre todo como padres, profesamos más amor por las mascotas que tenemos o por los animales que no poseemos, en lugar de las personas que nos rodean.   Evidentemente en muchos casos puede aplicar el dicho aquél de: "entre más conozco al hombre más quiero a mi perro", pero cuando se trata de relaciones padres e hijos, es un poco confuso comprender el por qué la mascota sería más importante que un hijo. 

Seguramente dirás: Claro que no, eso no pasa.  Y yo te digo que no es por contradecirte, pero sí, sí que pasa. Es más común de lo que crees y mucho más doloroso de lo que uno podría imaginar para la vida de un niño. 

No sé si tengas la fortuna de tener mascotas, o no. O si conoces personas que las tengan y a la par tengan hijos.  Si es el caso de que sí conozca y tengas, verás que no te miento. Y si no ayúdame con tu imaginación para recrear la escena. 

Llega papá o llega mamá de sus labores profesionales a casa, y el primero que lo recibe es el perro. Wow,  papá o mamá se emocionan: lo besan, lo abrazan, le dicen cosas lindas y con voz "abobada", y no importa si llegan cansados; saben que le tienen que sacar a hacer sus necesidades y dar su paseo. ¿Se quejan los papás? No.  Salen y se quitan el estrés junto con su amada mascota.  

Pero, qué sucede cuando es el o los hijos los que llegan a saludarlos, o quieren jugar con ellos.  Uh, mala idea. Papá o mamá dicen que vienen cansados, que tienen cosas por hacer, que ya están grandes (los hijos) para poder hacer cosas solos, que se pongan a jugar con sus tabletas o video_juegos;  en pocas palabras: "no molestar".  

Ahora, no solos los papás que tienen una profesión fuera de casa pueden llegar a hacer esto. Las personas que realizan labores en el hogar también lo practican. Tienen al perro o al gato en la cocina, basta con que el animalito les haga una carita tierna para que dejen de hacer lo que están haciendo y le den un par de cariñitos y le digan palabras dulces.  Pero qué pasa cuando es un hijo el que pide tres minutos de tiempo, para lo que sea.  Papá o mamá están ocupados, y por favor no molestar sino es, ¿qué?, importante.   Pero, ¿qué es importante?  

Lo que es importante para ti, lógicamente no es importante para tu hijo; y no porque sea un ingrato, sino porque no son cosas, en su gran mayoría, que él o ella puedan ayudarte a resolver.  Sin embargo, lo que sí es importante para tu hijo/a debe ser importante para ti. 

Ahora, dicho lo anterior, imagínate la sensación que pueda tener tu hija/o   ante tu falta de atención y tiempo, que él o ella traduce como: no le importo a mis papás.   No importa cuántas caritas tiernas trate hacer, no importa cuántas cosas graciosas trate de realizar, el resultado en su mente es: mi papá y  mi mamá no tienen tiempo para mí.  

No sé si lo puedas imaginar, pero es realmente triste.  No sabes lo penoso que es preguntarle a un infante qué es lo que más quisiera hacer con sus papás, y que te digan que tener tiempo con ellos, pero que no se puede porque están cansados o enojados.  

Comprendo que para muchos sea más fácil convivir con mascotas que con sus hijos, entiendo perfectamente que una mascota no te "exige" nada. por el contrario, la percepción es que dan todo de sí, sin esperar nada a cambio.  Por el otro lado, los hijos esperan todo de sus padres, por algo son sus padres. Y el conocimiento de esa responsabilidad asusta, pero la recompensa por dicha responsabilidad es extraordinaria.  

Si tú juegas con una mascota, le das amor y tú tienes satisfacción y hasta consigues la relajación tras un día de trabajo duro. Pero si le das tiempo a un hijo, no solo le aportas amor, sino que le das seguridad, confianza, autoestima, lo haces crecer en toda su dimensión. ¿Qué generas tú a cambio?  Sano orgullo, plenitud, te engrandeces como padre o madre y estas aportando al mundo a un ser humano sano emocionalmente.  ¡Qué maravilla! ¿cierto?

Deja el miedo, pues es el miedo el que te limita a ser el buen padre y madre que estas destinado/a  a ser. Tú hija/o  no tiene grandes expectativas de ti, que él (ella) mismo/a no sepa que eres capaz de otorgarle. Si hay mascotas, incluyelas. Paseen juntos, hagan actividades que les recreen el cuerpo y el alma. 

Estamos en una generación extraordinaria: hay interés por el bienestar animal, por el de la tierra, pero estamos perdiendo atención de la propia humanidad y descendencia personal. No podemos permitirnos mirar hacia un lado y darle la espalda a lo esencial. Tal y como a ti te gusta ser reconocido/a , tal y como tú esperas ser valorada/o  así los hijos esperan serlo por parte de los padres. Y lo mejor de todo es que se puede, pero solo si se quiere. Quiérelo, deséalo y practicalo. Te aseguro que no te vas a arrepentir. 





Lo más leído