De regreso al Edén




Aunque estamos más allá de la mitad del año, un año nuevo escolar comienza. La emoción y   se apodera de los párvulitos  de nuevo ingreso.  Los ya familiarizados con el tema se emocionan de manera diferente porque volverán a ver a sus amigos del colegio, están estrenando libros, cuadernos y mochilas nuevas... los padres se sienten aliviados de volver a un estado de "quietud" que permite sentirse libre de todo lo que tenga que ver con entretener a los niños, ya que las mínimas seis horas que un hijo pasa en el colegio da un respiro para enfocarse en otra cosa. En fin todo parece retornar a la normalidad.  

Yo no sé ustedes, pero cuando yo iba a la escuela realmente disfrutaba mucho esto de comenzar de nuevo, forrar libros, decorar libretas, sacarle punta al lápiz del n°2, sacar de su casa los colores para ponerlos en un lindo estuche. Todo me parecía genial. Todo hasta que la expectativa se volvía realidad. 

Y vuelvo a decir: no yo sé ustedes; pero en mi caso había años realmente buenos y algunos más que no lo fueron tanto. Y es que cuando uno es niña/o  todo, absolutamente todo tiene relevancia para que clasifiquemos algo como estupendo o como horrible. Si por alguna razón ya no regresaba un compañero del colegio _porque a sus padres se les había ocurrido la genial idea de cambiarlo a otro_, era verdaderamente una tragedia; como lo era que te sentaran cerca o junto de alguien que "te caía mal", que te tocara el maestro con la peor reputación entre los alumnos, y comenzar a aprender materias de las cuales asegurabas que nunca, jamás y de ninguna manera la utilizarías en tu vida. 

Claro que existían los años maravillosos (sí como la serie de televisión),  que todo iba de "pelos". Te sentabas cerca de tus cuates, tu mochila era la más original del grupo, la maestra que te tocaba era lo máximo, y de repente tenías la capacidad de comprender todo lo que se te explicaba. Lo que me lleva al punto de que realmente por muy mala experiencia que hayamos podido tener, eran muy contabilizadas aquellas que podrían perjudicar la visión que pudimos tener de la escuela. Cierto es que en todas las generaciones de la humanidad, han existido aquellos que aman el colegio con locura, quienes simplemente viven la experiencia, y quieres detestan que ello sea parte de su vida. 
Pero esas cosas son parte más de las diferentes inteligencias en las que se puede desarrollar un ser humano, que con las que se crean en la experiencia de vivir este ciclo en la vida. 

Lo cierto es que ayer y hoy, ya no es igual.  Esta nueva generación de chicos "superdotados" es más frágil que nunca. Aunque padres y escuelas intentan fortalecer a los niños con "nuevas" normas de alimentación, se esta dejando de lado su fortalecimiento y desarrollo en cuantos a sus capacidades de inteligencia emocional y social.  
Hoy hay más niños maltratados mentalmente por otros niños. Hoy los chicos van al colegio no solo a aprender, sino a sufrir una nueva competencia además de la académica, la social y afectiva. El acoso escolar es algo que no se erradicado y que en algunos casos parece ir en aumento. Y es realmente preocupante conocer datos tan lamentables como los que se dan en Japón con los jóvenes que tienen pánico de retornar a sus centros de estudio por miedo  a ser victimas de la burla, y prefieren quedarse encerrados en casa, antes de ser victimas de acoso.

Sabemos que esto no es nuevo. En todo tiempo siempre han existido chicos con verdadera capacidad de romper la estabilidad de otro. Sin embargo las formas en las que los infantes reaccionan hoy se ha transformado de manera significativa.
He escuchado a padres expresarse sobre los hijos de otros, diciendo que esos niños necesitan más carácter, que los niños de antes sufrían lo mismo o más y no necesitaban un psicólogo. Y es verdad.  

Lo que estos padres no ven con claridad, es que los niños de hoy no cuentan con los apoyos de los de ayer.  La diferencia entre los de antes y los de ahora, no son los infantes en sí, sino del entorno. Hoy los chicos están más solos. A veces solo cuentan con uno solo de los padres, en otras ambos padres tienen que trabajar y no se dan tiempo para los niños, son hijos únicos, etc. Muchos de estos niños no cuentan con el apoyo para afrontar los problemas que viven en la escuela, además de contar con una escasa orientación de inteligencia social y emocional. 

Cerrando un poco la idea, porque aunque es un tema realmente amplio, trato de ser lo más breve posible para no acaparar mucho de su tiempo.  Como decía, cerrando la idea, la diferencia entre los niños de antes y los de hoy, somos los padres. El tiempo y la dedicación que podemos añadir a la vida de los hijos. El interesarnos por lo que les sucede y no cuestionarles su "incapacidad" de resolver sus asuntos, sino de ser respaldo en sus problemas. 

Vamos a poner un ejemplo, marcando las naturales diferencias.  La escuela para los niños es como el trabajo para los padres. Hay días buenos y no tan buenos, hay diferencias con compañeros que se pueden solucionar y hay roces con los mismos que hacen de cada día un continuo cúmulo de estrés.  Ustedes cuando salen de trabajar, quieren llegar a su casa y estar relax, lo mismo quieren los niños cuando salen de su instituto.  Si ustedes se llevan mal con el jefe, no esperan que su pareja e hijos le digan simplemente: "no te dejes" o "acusalo con recursos humanos". No, lo que ustedes quieren (de ser el caso) es una orientación real, un consejo efectivo para que no pase eso o tengan una capacidad de respuesta diferente.

Piensen en esto ahora que sus hijos van de regreso a la escuela, y no subestimen lo que a ellos les afecte, cada uno vive las experiencias según rango.  
Sé que para todos es un gusto y hasta cierto alivio que los niños vuelvan a clases, pensamos que van literalmente a un jardín de niños aunque ya vayan en secundaria. Pensamos que la escuela es un lugar mágico donde solo van a hacer amigos y aprender.  No, la escuela es mucho más que eso: es un lugar donde aprenden a competir, a juzgar, a enfrentarse con distintas ideologías. Cada niños representa una filosofía de vida que proyectan de sus padres. Es un lugar donde aprenden a fracasar y ganar. Es un lugar donde hacen amigos y rivales. No es un jardín, es un mundo.  

Así que si están felices porque sus hijos regresan a clases, muy bien. ¡Todos estamos felices!, pero cambiemos un poco el chip. En lugar de pensar que los enviamos a un jardín, hagamos lo posible que cuando salgan de su mundo competitivo y de aprendizaje, retornen a un verdadero Edén en casa. Hagamos que tengan confianza en nosotros, ayudemos en su nuevo ciclo, impulsemoslos , tal y como muchos de nuestros padres hicieron con nosotros.  Yo todavía recuerdo esas tardes maravillosas que al llegar a casa después de la escuela, me esperaba un  emparedado de jamón y un vaso enorme de jugo de naranja. Era la forma en que mis padres decían sin hablar:  "Bienvenida  a casa, sabemos que ha sido una jornada de esfuerzo".

¿No les gustaría llegar de trabajar y que los recibieran con lo que más les gusta?  Recuerden siempre esto, a sus hijos tratenlos mejor de lo que les gustaría ser tratados.  


Como siempre, si quieres que hablemos de un tema es particular, ponte en contacto. 


Jameri




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