Del desinterés a la búsqueda del amor en la infancia




¿Ustedes se acuerdan de cuándo fue la primera ocasión en la que la idea del amor pasó por sus vidas?

En serio, vamos a tomarnos un momento para remontarnos en el tiempo y recordar qué fue eso que capto nuestra atención sobre la idea del amor, de lo/as  novio/as.  Cómo pasamos del ver una pareja besándose y decir ¡guácala!, a pensar "yo quiero probar eso".

Yo les puedo contar que por ahí del kinder, ya tenía un amor platónico. Un niño del salón que era casi la imagen de Anthony Andrew de la serie Candy Candy, y lo aclaro por si existe alguien (que lo dudo) que no la conozca.  
Recordaran que Anthony era todo un ensueño, el tipo de figura masculina que toda mujer aspira, no cuando es niña, sino cuando es adulta; porque en la juventud una se inclina más por un Terry Grandchester. Bueno no voy a desvariar con el tema de estas dos emblemáticas figuras de la aspiración femenina sobre el prospecto masculino.  El caso es que mientras Anthony era el estelar de la serie, y mi compañero Arturo se sentaba dos sillas delante de mí, surgió mi primer fijación en la idea del romance. Claro que yo no le llamaba romance, simplemente era una sensación de gusto por ver, charlar y estar cerca de alguien. 

Ustedes saben que esas cosas no se pueden evitar y mucho menos esconder, porque, mas temprano que tarde mi padres se dieron cuenta de mi gusto por Arturo. De ahí que vino la inevitable pregunta incómoda de si me gustaba y peor aún si éramos novios.   
En Candy Candy durante su edad infantil no se menciona la palabra novio, simplemente una como espectadora sabe que a Candy le gusta estar con Anthony y viceversa, solo es eso un gusto. 

Tal vez a ustedes les sucedió lo mismo y se sentía atraídos por un o una compañera de la escuela, pero esa atracción en primer instancia solo era un gusto, como el que tiene gusto por admirar una flor pero no esta pensando en arrancarla y llevarla a su casa. Entienden a lo que me refiero. 

El caso es que como tengo la posibilidad observar a padres con sus hijos en diferentes niveles escolares,me he dado cuenta que antes y ahora, hay un patrón en la mayoría de los progenitores que no cambia, y es el hacer preguntas a sus hijos como: si hay alguien que le gusta, si ya tiene novia/o, y en últimamente si ya se han dado "kikos".  Aquí abro un paréntesis para recordar que recién los chicos han entrado al colegio y posiblemente algunos de ustedes ya hicieron la pregunta si hay un nuevo/a  compañero/a que les haya gustado a sus hijos; o tal ves los niños más mayores y con más confianza ya hayan declarado que efectivamente hay un nuevo alguien que les hace feliz sus días de escuela. 

La cuestión aquí no es si es válido o no que un infante se sienta física y emocionalmente atraído por otro, sino como en nuestro papel de adultos vamos incitando a que vayan avanzando a un nivel más allá.  
Volviendo a mi platónico amor con Arturo.  Cuando mis padres me preguntaron que si era  mi novio, recuerdo haber respondido con un contundente no.  Evidentemente mis padres pusieron cara de alegría y satisfacción, pues en su moderada información sobre el tema, ya me habían expuesto con ejemplos más que con sermones, que los novios se unían en la adules; por lo que unos niños de kinder no podían adjudicarse tal calificativo. 

Yo sé que ahora voy a parecer que cargo muchos años encima, pero realmente no son tantos, el caso es que "en mis tiempos" era preferible llamarnos amigos especiales, que novios. Novios denotaba más responsabilidad, hacer cosas que hacían los adultos, cosas que aún nos daba guácala. 

Quizá había menos muestras gráficas antes, no lo sé, pero realmente antes los niños se la pensaban mucho en entrar en el juego del noviazgo, los "kikos" y el tener que hacer regalos al dueño de los afectos. No digo que no los hubiera, solo que se esperaba más para llegar a nombrarse de tal manera. 

De unos años a la fecha, todo les resulta más complicado a los niños. La pregunta de familiares y extraños (la mayoría a forma de juego se entiende, aunque en su psique de un menor la información se toma diferente), sobre preguntas de cajón como: ¿en qué año vas? seguida de un ¿y ya tienes novia/o?, parecería una obligación social infantil contar con un o una novia/o.  Ahora los chicos tienen más claro que es tener un novio, que cosas hay que hacer si se esta dentro de un noviazgo. ¿Y saben qué? están dispuestos a hacerlo. 

A veces nos preguntamos por qué hay cada vez más embarazos en niños. Y con más frecuencia pensamos que es culpa de la mala educación familiar o escolar, pero pocas veces reflexionamos en lo que hace lo más simple. Alguna vez te has preguntado ¿por qué es necesario preguntarle a un niño si tiene novia?, ¿por qué tratamos de avanzarlos intelectual y emocionalmente en conceptos que no están dentro de su radar natural de vida? Digo, no vamos por ahí preguntándoles si ya están aptos para su primer trabajo, si ya tienen un auto, etc.   Les parecerá absurdo el comparativo, pero de un absurdo podemos reconocer lo absurdo que es preguntarle a un niño si ya tiene novia.  

Las palabras y el concepto que la mente tiene de ellas, se  manifiestan en acciones.  Es muy distinto que un infante tenga especial afecto por otro, y que vayan desarrollando naturalmente una compresión de lo que significa un amigo, un amor platónico e inocente.  A recibir el "bombardeo" de ¿y ya tienes novio o novia?, como si fuera un requisito a su edad.  La mente del menor puede trabajar la idea de: necesito una pareja, si me preguntan si ya tengo una es porque debe ser que debo contar con ella.  Me hará especial si tengo novio/a, a los ojos de los adultos, entonces será como ellos y seré parte de su clan. 

Inofensiva la idea ¿no?.

He tratado lo más breve posible exponer la importancia que tiene en la psiquis de un menor, una idea de aparente inocencia. Es probable que tú hayas experimentado una situación similar o distinta a la idea de contar con un novio. Pero quiero que quede muy en claro que dista mucho la experiencia de un adolescente que la de un niño.  
La infancia es una de las cosas que siendo niños queremos que pasen rápido y siendo adultos añoramos volver. Tengamos la inteligencia de hacer que nuestros niños experimenten su infancia como les corresponde. No les apresuremos a pensar e intentar entrar en conceptos para los que no están desarrollados.  Sí, impulsemos su capacidad de relacionarse, sí veamos con naturalidad su deseo de compartir tiempo con alguien que le resulta simpática, sí digamos que ha encontrado a un o una amiga especial. Pero no, transformemos eso en un concepto que dista mucho de lo que ellos están experimentando.  Porque no es lo mismo que se suban al auto y disfruten del viaje, a decirles que tomen el volante. 

No les impulsemos a buscar lo que no se les ha perdido, dejemos en cambio que el amor los sorprenda cuando estén listos. 

Arturo es un buen recuerdo en mi vida, con la inocencia que eso represento. Así como seguramente ustedes tendrán un afecto en la memoria. Que distinto es ir paso a paso, que adelantarse e ir en busca de algo para lo que no se esta preparado y recordar la infancia y pubertad como el momento en que "nos equivocamos" y crecimos antes de tiempo. 

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