Juguetes, caprichos y deseos ¿la fórmula perfecta?



Es muy común en la actualidad hablar sobre el "mal comportamiento" de los niños de ésta generación.  De alguna manera, parece reconfortarnos la idea de que tales niños "vienen así", que estamos bajo una nueva y arrogante inteligencia de la cual no tenemos capacidad de comprender. Pero, ¿realmente no somos capaces? o simplemente no queremos serlo. 

Nuevamente, para entrar en tema recordemos un poco nuestra infancia. Crean cuando les digo que no les llevo a la memoria del pasado por capricho, sino como sana referencia.  
No sé cuanto/as de aquí hayan crecido bajo una disciplina autoritaria.  Ahora ya estamos adultos para reconocer sin pena si nos educaron bajo un estricto orden o no. Y lo digo porque cuando todo/as  éramos niños en edad escolar y por alguna razón salia a conversación si los papás te pegaban, todos lo negábamos (a menos que hubiera evidencia),  porque era algo que causaba lástima, hacía quedar mal a tu familia y sobre todo a ti mismo/a.   Pero la verdad es que aunque a muchos aquí presentes no nos pegaron con cables de plancha, zapatazos o con el cinturón; por lo menos un par de nalgadas sí que recibimos.  En nuestros tiempos, decir que te habían dado una nalgada no era "chido" (todavía no se apoderaba del lenguaje juvenil el "cool"). Lo chido era decir que tus papás eran la  buena onda, que te habían llevado a tal o cual lugar, te habían comprado lo nuevo de mattel y que te dejaban comer dulces.  Lo mala onda era tener papás que te corrigieran, a los que les tuvieras tanto respeto que no te atrevías a hacer nada que fuera causarles molestia.  Estoy hablando de los papás que deseaban criar hijos moralmente aptos para convivir en sociedad, no hablo de los  que por situaciones emocionales y conflictos existenciales se desquitaban con los hijos a golpe de mano excesivamente dura que maltrataban como locos a sus hijos. Porque bueno, vamos a aceptar también, que en todas generaciones han existido papás que distan mucho de llevar un título así. 

Hace pocos años escuché, y me disculpo por olvidar a la fuente de información, que el ciclo de la paternidad se mueve circularmente por generaciones. Es decir, hay ciclos donde se impone de manera estricta, luego los hijos de ésa generación se vuelven más tolerantes; cuando cada ciclo llega a su punto máximo que no da para más y se colapsa aparece el otro, y así sucesivamente.  Entonces entendemos que lo que esta pasando ahora, no es porque nuestros hijos sean de una cualidad intelectual y afectiva distinta a nosotros, sino que el tiempo de pasar estafeta ha llegado. ¿Cuánto va a durar este ciclo? no lo sabemos, lo que sí sabemos es que llegado su momento caerá nuevamente para dar paso, otra vez, a la época de más disciplina.  Sin embargo esto no quiere decir que la humanidad esta destinada a jugar con lo mismo eternamente.  Porque la misma fuente que mencionó el ciclo habitual de la educación en la humanidad (y si recuerdo la fuente de la información mientras escribo la anotaré más abajo o quizá en alguna otra ocasión, o si queda duda pueden buscar en la red), mencionó igualmente que llegaría un momento en que todo se tornaría en equilibrio.

¿Estamos en ése momento de equilibrio? Con honestidad no lo sé, pero espero fervientemente que estemos muy cerca y que cada uno de nosotros sea parte activa en alcanzar la masa crítica suficiente para transformar nuestras sociedades.  Porque a veces creo que no estamos del todo conscientes de lo que implica criar hijos emocional e intelectualmente sanos.  Nuestro padres y nuestros abuelos pensaban en educar hijos que se pudieran valer por sí mismos, y en lo posible obedientes con las reglas familiares y sociales.  Hoy día la rebeldía contra  lo establecido se ha apoderado del sistema educacional de las familias. Hoy ya no se quieren hijos obedientes si no "libres", hoy ya no se pretende que los hijos se valgan por sí mismos, si no que sean exitosos al precio que sea. Y parecería que eso no tiene nada de malo, y realmente no lo tiene en el contexto, pero sí en la forma.

¿Lo hago por mis hijos o lo hago por mí?

Vamos a respondernos con honestidad. ¿Actualmente estamos criando hijos para bien de ellos o el bien de nosotros?   Pocas veces me he topado con padres que realmente ejerzan un continuo sistema de crianza para con sus pequeños.  Generalmente tienen reglas para cuando son vistos y reglas para cuando no lo son (busquen la entrada de "paternidad con reflector").
Cuando salen a la civilización  corrige en todo momento cualquier falla de los hijos, pero cuando se esta en el dulce hogar, los pequeños son verdaderamente dueños y amos de sus acciones y no hay quién le corrija... miento, esta la nueva institutriz que le enseña al hijo donde poner su atención: la tableta electrónica.

Para los padres de hoy, cansados de trabajar, cansados del tráfico, cansados de las disputas entre pareja, cansados de ejercer paternidad en soltería, cansados de ser padres; les resulta mucho más cómodo pensar en la idea de unos hijos educados en libertad, ser amigos de los hijos más que padres, ¿por qué? pues porque están insatisfechos con su modo de vida, porque existe algo o muchas cosas que acaparan su atención y que les resultan de prioridad, muchas veces esas cosas tienen que ver con la economía o con la mala salud emocional; el caso es que no se trata de culpar a nadie, si no de comprender que existen situaciones que están quitando la atención a la orientación eficaz de los hijos y están provocando tensión en todas las áreas de la vida.


La fórmula perfecta.

Crean cuando les digo que comprendo absolutamente lo bien que suena la idea de cumplir los caprichos de los hijos, de calmarnos y quitarnos responsabilidad al simplemente comprarles algo y acceder a sus deseos. Simplemente nos dejan en paz y ya no molestan.

Pero vamos a imaginar que ustedes son los gerentes generales de una empresa. Tienen a su cargo, uno o varios empleados. De repente llega alguno o dos y les dicen que quieren un aumento de sueldo, que requieren una mejor computadora y un sistema de audio para entretenerse.   Pero la verdad es que los empleados dejan mucho que  desear, no cumplen con sus labores, el área de trabajo es un asco y a decir verdad alguno de ellos no necesita para nada el uso de una computadora... a decir verdad merecerían bajar de rango.  Y digamos que todos los días y todo el día están pidiendo y pidiendo, ¿los complacerían en sus caprichos?
Si somos honestos diremos que por el contrario, esta sería una  buena oportunidad de despedirlos. Pero como la empresa es tu casa y tus empleados son tus hijos, no sería buena idea darlos de baja. Sin embargo con éste símil supongo que podrán comprender la idea, se trata de involucrarnos.  Todos sabemos que si en una empresa algo no va bien, el responsable es el gerente. A él se le pide cuentas, a él se le pregunta cómo esta manejando al personal, si esta capacitándolo, si esta al pendiente de lo que sucede.  En nuestras casas sucede lo mismo.  Los padres son los que tienen que estar atentos a todo cuanto acontece en el hogar, dejar de evadir la responsabilidad y actuar en consecuencia. No importa que tanto exista alrededor que nos distraiga, siempre hemos de hacernos un espacio para ver el sano funcionamiento de nuestra familia.

Y todo esto ¿para qué?, para nuestro propio bien.  De verdad, no me digan que no se cansan de decir: estos niños de hoy.  Tras esa frase hay un darse por vencido en lo que toca a ser padres.  Hay una incapacidad y un renunciamiento a ser responsables.  Realmente creo que sería mejor entrar en ése equilibrio de no ser tan permisivos ni tan abusivos.  Saber que criamos hijos que no son tiranos caprichosos que no tienen el mérito de sentir la satisfacción de ganarse algo.

Lo que estamos haciendo ahora no es una fórmula perfecta, es una gran fórmula destructiva para ellos y para los padres.  Hacemos hijos inútiles, con aparente autoestima dentro del entorno familiar pero totalmente desvalorizados a la hora de enfrentarse al mundo.  Nuestro hijos hablan más idiomas, practican más deporte, tienen más acceso a la tecnología del conocimiento... y están mas lejos de la inteligencia social y emocional.  Estamos desbalanceados y es hora de comenzar a poner un sano equilibrio.

Para ello, la pareja debe ponerse de acuerdo de qué quieren para sí mismos como padres y qué quieren para sus hijos.  Porque a veces uno dice algo y el otro opina diferente. Desde ahí estamos en desequilibrio total que se refleja en todo el entorno familiar.
De verdad tengan confianza cuando les digo que hacerse cargo en lugar da más calma  y alegría que ser absolutamente permisivos.

Finalmente. A la pregunta si somos capaces de lidiar con los niños de hoy, claro que sí. Solo basta asumir nuestro rol, dejar de tener  miedo a ser padres y comenzar a disfrutarlo.  ¿Imposible? no, solo se necesita querer hacerlo, dejarse guiar y sobre todo asumirlo. Ser padres no es algo que se realice por entretenimiento sino por devoción y convicción.  Es hora de vivirlo.


Abrazos papás.




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