Paternidad con reflector (un "no" con audiencia)



¿Cuándo fue la última vez que le dijeron un no a un hijo?    En serio papás (mamás incluidas), vamos a hacer este ejercicio de memoria. Cuándo fue la última vez que le dijeron no a un hijo, cuál fue el motivo y lo mejor, dónde estaban cuando sucedió.   Y ya que recordamos, y dijimos fue apenas ayer. hace un momento, y se debió a tal o cual cosa, pensemos nuevamente si los hijos hicieron caso, si quedaron conformes, o, si al final ustedes "tuvieron" que ceder y pasar del no, a un bueno, sí.   

Les voy a contar un caso, que bien puede ser la historia de cualquiera, porque no es la primera vez que lo veo. 
Resulta que no hace mucho estuve en una reunión el fin de semana, en estos viernes donde por ser el último de mes los chicos no van a clases y tienen tres días para sentirse libres y a gusto. Bueno, el caso es que, los anfitriones habían tenido a bien invitar a dormir al mejor amigo de su hijo en casa, ya había estado desde la noche del jueves y para el sábado _día en que estábamos reunidos_ se suponía que el chico invitado tenía que volver a su casa. Los padres del niño invitado estaban también en la reunión, y comentaban que se sentían muy contentos de que tanto su hijo como el hijo de los anfitriones se llevarán muy bien, porque son hijos únicos y tener un amigo con quien convivir le ayuda mucho (cosa que es cierta).  La verdad es que fue muy notable que los niños se llevaban de maravilla, y sobre todo que había confianza y buena relación entre los padres de ambos.  
El asunto es que a cierta hora de la noche, a los niños se les ocurrió que sería bueno que pasaran una noche más de fin de semana, así que se dieron a la tarea de solicitar la atención de sus padres y pedirles su consentimiento para que siguieran en su plan de juegos hasta el domingo. 

Desafortunadamente todo lo planearon cerca del padre del niño invitado, por lo que, cuando solicitaron la atención el padre del pequeño ya sabía lo que iba a acontecer. Así que se adelanto y les dijo que a lo que iban a pedir, la respuesta era no.  Claro que fue un no, un poco tibio y hasta con cierto dejo de burla. El hijo de éste papá comprendió inmediatamente que esta "no", de ninguna manera era definitivo. Así que, todos ustedes  ya saben lo que sigue a esto: "andale papá sí", "dí que sí", "andale, andale", "por favor papá di que sí".  

Lo que siguió después fue  despliegue de súplicas, "nos" sin fuerza, la pareja anfitriona diciéndole a su hijo que respetara la decisión del padre de su amigo. Pero el padre de su amigo, no decidiendo si quería decir realmente no, o quería alargar lo máximo posible su sí.  

La cuestión que les quiero compartir aquí es la siguiente. ¿Realmente hay una necesidad de exhibirnos socialmente con la forma en que educamos a los hijos?  Por eso les pedí que hicieran memoria de la última vez en que dijeron un no a sus pequeños, pero un no de verdad. Uno que quede claro y no de pie a suplicas y rabietas. 

Muchas veces creemos que dejamos muy clara nuestra posición frente a los chicos, que les ponemos sanos límites y que ellos están conformes y respetan nuestra decisión. Creemos.   La realidad nos supera  por mucho. 
Estoy segura que éste papá en particular (y la mamá también), no tienen muy claro lo que es tener autoridad.  Y pretenden hacerla notar cuando hay espectadores ajenos a su círculo familiar, y ése es un gran error.  

El primer error es el que promueven que señalen a sus hijos. Lo común es que todo el que vea a un niño presionar a sus padres para lograr conseguir algo, pasa por un  niño mal educado.  Y ciertamente así es, solo que el error no es el niño, sino de la mala aplicación de la educación de los padres. Pero, nadie dice: "ay que papás tan mal educadores", "que papás tan blandengues". No, lo primero que se dice es que el niño esta mal, que el niño es el que esta en el error. Por tanto se juzga a un menor por la tibieza de autoridad de un adulto. 

El segundo y más relevante error, es que frente a los hijos se puede pasar por un "sin palabra", por "poco confiable", incluso por "voluble". 

Si los hijos están acostumbrados a que los padres no cumplan su palabra, será muy difícil que ellos mismos cumplan la suya, tanto para con su familia, como para con la sociedad.  

Volviendo al ejemplo. Fue evidente que el padre de éste chico quería pasar por un papá autoritario (que dista mucho de la sana autoridad), le decía a su hijo; "no", para después decirle: "bueno déjame pensarlo", además de tomar una actitud de que podía mantener a su hijo y al resto en ascuas, y que todo dependía de qué tanto se humillara su hijo frente a los demás para conseguir lo que quería, y ya vería el padre si cambiaba de opinión. 

Voy a hacerles muy honesta, me desespero sobremanera la actitud del papá. Y dado que todos éramos espectadores del show patriarcal, le invité  a tomar una decisión por el bien de los niños. Ya que no era bueno que estuvieran desperdiciando su tiempo en la suplica.  Si les iba a decir que NO, los niños tendrían que aceptarlo y disfrutar del tiempo que les quedaba, pero si les iba a dar finalmente un SI, podía dejarlos retirarles y en ambos casos disfrutar del tiempo juntos.   

Creo que el padre más por verse en el foco de los presentes que por verdadero gusto, acepto finalmente que su hijo pasara un día más con su amigo. 

Analicemos ahora la situación. Si fuese costumbre familiar, que cuando se dice un No, es un no y no hay vuelta de hoja, bajo ninguna circunstancia. Ningún niño pasaría la penosa escena de suplicar. e igualmente ningún padre pasaría por el escrutinio social, que señala a su hijo como "mal educado".  

No podemos ser padres fuera del hogar para que todo mundo vea que sí tenemos autoridad, y dentro de los hogares seamos de lo más permisivos.  Y no por nosotros, si no por los hijos. ¿Con qué autoridad me puedo molestar con un hijo por hacerme "escenas" fuera de casa, cuando dentro se lo permito?  ¿Y qué piensa un hijo de eso?     Porque seamos sinceros, es muy válido que un hijo nos haga escenas y nos atormente con infinidad de "andale si" fuera de casa, porque saben perfecto quienes somos.  Cuando tratamos de redimirnos frente a los demás, los hijos no se lo creen. Literalmente en sus cabezas pasan ideas como: "ahora a éste o ésta ¿qué le pasa?", y no debe sorprendernos si se molestan con nuestra ficticia  actitud. 

Así que para no mandar mensajes erróneos a la psique de los pequeñines, debemos ser claros, honestos y determinados en nuestros NO, y en nuestros SÍ.  De esta manera nos volvemos confiables, respetados y ejemplo de lo que es la sana autoridad, y el respeto por la palabra. 

Por lo que es momento de hacer revisión de cómo nos manejamos en relación a la educación de los niños, y adolescentes para no sorprendernos después de que las cosas no salgan como "nosotros queremos" y sobre todo frente a los demás.

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