La feliz o difícil hora de la comida.




Se acerca la hora de la comida, ya estas preocupada/o  por si tu pequeño estará dispuesto a comer lo que has planeado para alimentarle.  

Por el otro lado, tu hijo  se encuentra entretenido en cualquier otra cosa y de pronto escucha tu voz: ¡a comer!  También le entra un no se qué, en imaginarse qué cosa estará esperándolo en su plato.  

Lo que parece ser un momento de tranquilidad y agradable para pasar tiempo como familia y nutrir el cuerpo, es una antesala a momentos de berrinches, reproches, regaños, amenazas, desesperación y una muy nula paciencia.  

¿Te sientes identificado/a con esto?   Pues espero que estos simples y poderosos consejos te sirvan a la hora de alimentar y nutrir al pequeño de casa.  

  1. Siempre llama a la mesa a tu hijo con una sonrisa.  Desde muy pequeñitos debemos mostrarle la importancia de la hora de comer. Para ello es necesario crearle un momento y un espacio agradable.
  2. Come lo que le vas a dar de comer.  No puedes esperar que tu hijo coma algo que no ve que tú estas dispuesto/a   a saborear.  
  3. Deja de hacer de la hora de la comida, la hora del convencimiento.  Si tú bien sabes que el chayote no se destaca por ser la delicia, no le finjas con un: "umm que delicioso". Deja que pruebe y decida por sí mismo si el sabor de lo que come es de su gusto o no. 
  4. No le fuerces a comer.  Si no quiere probar algo, no lo forces. Simplemente haz de espejo, come tú de manera natural.  Ya la creatividad de tu pequeño le hará querer probar aquello que ve que comes.  
  5. Te paciencia.  Generalmente queremos que los niños coman a la misma velocidad que los adultos.  Esto es un verdadero error.  Nosotros ya de por sí sufrimos el estrés del tiempo, el comer a medias por retornar al trabajo, etc. No introduzcas a tu pequeño en un mundo de ritmo acelerado. Tú hijo quiere probar, saborear, masticar... incluso jugar.  Déjalo.  Es probable que tenga el deseo de pararse y hacer otra cosa y regresar a probar otro bocado, dale tiempo.  Incluso puedes otorgarte ése mismo tiempo para ti y disfrutar adecuadamente tus alimentos. Verás incluso un cambio en tu digestión cuando te permites comer con calma.
  6. Fíjate bien en las cantidades que le das de comer.    Creemos que los niños comen igual que nosotros. Les servimos una basta cantidad de comida con la idea de que así los alimentamos adecuadamente. Sirve en pequeñas proporciones, deja que se acabe lo suficiente, si después te pide algo, puedes ofrecerle un poco más. 
  7. No lo amenaces.  Si no tiene hambre, pues ni modo, no tiene hambre.  No lo puedes obligar a comer en el momento que su cuerpo no lo necesita. Hacer esto mas que ayudarlo le provocará un desorden alimenticio y  emocional a la idea de lo que significa comer.  
  8. Si no comió en su momento procura tener a la mano un refrigerio para cuando necesite alimentarse. Sé que esto puede sonar complicado, y no te estoy diciendo que cargues con todo el menú de la comida durante todo el día, pero sí algo que posteriormente pueda comer en frío y que le resulte nutritivo. 
  9. No te preocupes.  Muchas veces un niño gusta de algo y al día siguiente ya no detesta, es normal.  Es así como cada uno va formando su gusto, ya que algo que no le gustaba puede comenzar a probarlo y tomar gusto por el nuevo alimento.  Paciencia. 
  10. Todo lo que apliques a tu hijo, hazlo también por ti.  Hagan de la hora de la comida una hora de nutrición, emocional y física.  Donde todo lo que este y se hable en la mesa sea de provecho para todos. Tú también mereces comer bien, tú también mereces tener un ambiente agradable para alimentarte y hacerlo en paz.


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