Tres puntos para ser el padre que quiero y puedo ser

lago, árbol, campo, alegría




Cuando un hombre decide ser papá el Universo se estremece. La simple idea de pensarlo emociona, y al mismo tiempo comprendemos que no es cosa fácil, sino, el Universo ni se inmutaría con algo así. 
Y es que es muy sencillo para un hombre llevar a cabo la acción de engendrar, pero no lo es tanto a la hora de decidir ser papá. Ser papá es algo que verdaderamente asusta, sino fuese así la historia de la humanidad no estaría llena de anécdotas de padres ausentes lejos y dentro del hogar. Sino fuese por los padres ausentes, las madres no dominarían el trono del amor parental.  Pero existen otros padres, los arriesgados, lo que intentan hacer de la experiencia con sus hijos, su gran experiencia de vida.  

"Quiero ser el padre que ellos necesitan"  Raúl 

Raúl es un padre que se ha dado cuenta que ser el padre "buena onda" no le ha servido de mucho. Es verdad que sus hijos presumen de tener un "papá cool", pero últimamente él no se siente tan cool, al contrario se siente un "pa´amigo" (como le dicen sus hijos) drenado.  

_"Nunca pensé que podría llegar a sentirme vacío a pesar de darles todo"_ dice. 

Décadas atrás, a muchos hombres realmente les valía gorro cómo se sentían como padres. Simplemente "cumplían" con proveer lo necesario y solo pedían una cosa: que sus hijos hicieran lo que ellos decían y todos en paz".
Hoy no, hoy día hay cada vez más hombres como Raúl, que se sienten afectados si su rol paterno no los satisface intelectual  y emocionalmente.  La primer idea que le vino a la mente cuando tuvo a su primer hijo en brazos fue: "voy a ser el mejor amigo de mi hijo" y dos años después prometió lo mismo para el segundo. Hoy que sus hijos ya están pisando la adolescencia ya no siente la misma satisfacción de llamarse su "amigo", siente que tiene que quedar bien, y ése "bien" no tiene fin, pues sus hijos no conocen el límite, no conocen la satisfacción a largo plazo y Raúl esta cada vez menos emocionado de ser un "pa´amigo". 

_"Ya no conozco a mis hijos.  Ni siquiera puedo decir qué les gusta, porque a cada momento encuentran algo nuevo que comprar. Cuando les digo qué hay con esto, me dicen, eso ya no esta de moda ahora es esto.  Entonces nuestra única interacción es comprar"_ 

Como Raúl hay muchos padres hoy día. Al principio era lo máximo ser el amigo de los hijos, pero al paso del tiempo se vuelve menos atractiva esa idea. La brecha generacional impide que esto perdure en la "amistad" pero no en la paternidad.  

Entonces ¿qué tipo de padre quiero y puedo ser?

Antes que cualquier otra cosa hay que aceptar lo que Raúl; no se puede ser un "pa´amigo" para siempre.  Al menos no el en sentido de ser el padre bonachón que todo lo permite, que todo lo cumple y que "nunca" reprende.  Porque incluso dentro de las amistades entre dos personas no consanguíneas, no existe eso de "aquí no nos enojamos y todo pasamos". Los amigos se enojan, los buenos amigos corrigen y tratan de prevenir que el otro no cometa errores, ¿entonces por qué entre padres e hijos tendría que ser diferente?   Entiendo el punto de querer que los hijos tengan confianza, que exista diversión en el entorno familiar, complicidad y empatía; pero no se necesita solo ser amigo para eso, eso se logra siendo buen padre.

Diego es otro papá que pasó de amigo a padre: _"Fue bueno por un tiempo, me gustaba que mi hijo me viera como su amigo, pero no me gustaba como se expresaba de mí y en la persona que se iba convirtiendo.  Cuando me dí cuenta que su comportamiento tirano ya no era "gracioso", y se comportaba irrespetuosamente conmigo y su madre frente a los demás, me sentí molesto.  Pero cuando en el colegio comenzó a no importarle su conducta porque en casa "no le regañaban", sentí que me estaba equivocando; porque ya no se trataba solo de un mal comportamiento en casa, sino que ya era ofensivo con sus compañeros y maestros. Ese sentimiento de "yo hago lo que quiero" no le estaba haciendo bien".

Estos dos ejemplos nos muestran como el pasarse de "buena onda" al final no es tan cool en la vida de los hijos.

Entonces ¿qué se puede hacer?

1°.- Poner límites.  Ojo, no se trata de ser distantes. Sino dejar claro lo que se permite y lo que no. Si tu hijo cree que puede hablarte sin respeto, o ponerte en evidencia en público, es hora de decirle "¡no más!".

2°.- Aprende a decir ¡NO!  Nada de que mi hijo se va a frustrar sino le compro o lo dejo hacer lo que quiera. Al contrario, si sigues complaciendo, lo único que harás es que se frustre cuando sea adulto y vea que no consigue lo que quiere de los demás como le gustaría.

3°.- Adopta la actitud de papá.  Todo hijo quiere sentirse orgulloso de su padre. Quiere sentirse protegido, apoyado y amado.  Para eso necesita verte como una figura de autoridad, confiable y respetable.  La figura de autoridad es de alguien que se le cree, que guía. Si simplemente eres su amigo, estás a su nivel, si estás a su nivel eres un niño que rechaza ser adulto, lo que te quita autoridad para hablar y orientar en cosas relevantes para su vida.
No tengas miedo a ser padre, ser padre es lo mejor que te pudo pasar. Ser padre no te va a convertir en un "viejo" prematuro, ni en un aburrido. Ser padre te pone en un lugar de gran valor en la vida de un infante. Eres un ejemplo, y si te da miedo ser ejemplo, trabaja en ti mismo para tener confianza y ser lo que te toca ser.  Un tronco disfruta de su fortaleza y de llevar energía y alimento a sus hojas y frutos. Un árbol no es el fruto, procura que el fruto sea bueno para que posteriormente su semilla se convierta en otro árbol.
Tu rol de padre es ser la fortaleza de tu hijo, siendo confiable, amigable, divertido, pero sin dejar de ser padre.

Comienza a poner en práctica estos tres simples puntos y verás un gran cambio en tu relación padre e hijo, sentirás una sensación diferente, porque te estarás abriendo a reconocer que ya eres un papá; eso no te quitará que también eres un hombre, la pareja de alguien, el amigo. No temas el que perderás tu esencia, solo porque tienes que adoptar una postura diferente en relación a la crianza de un ser humano. Eso debería darte energía para ser un gran guía.

Haz todo lo posible para que tus hijos te recuerden como un buen padre, y no como el hombre que tuvo miedo a ser papá y se convirtió en un adulto inmaduro que lo complacía en todo pero no le ayudó a ser una mejor persona para su vida.

Tú decides

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