La ducha infantil y sus 3 reglas de oro

niño patos mujer con toalla en la ducha


"La dicha es mucha estando en la ducha"


Yo no conozco a un niño que no le guste el agua, pero conozco a varios que detestan la hora del baño. ¿Qué irónico no? Pues sí, en cuestión de gustos somos complicados desde pequeños. Y en cuestión de la ducha lo somos mucho más.  

Recuerdo cuando era niña y era la hora de bañarse, la verdad es que tal ritual solo comenzó a gustarme cuando ya podía bañarme por mí misma, antes de eso era verdaderamente molesto. Muchos papás (entre ellos los míos) tienen esa idea de que entre más froten la piel del niño y más shampoo pongan sobre el cabello, mayor será el nivel de limpieza. Y crean cuando les digo, que más limpio que limpio, no se puede, y esa idea de reluciente no aplica para la piel humana, no va a sacar chispas de brillo.  

Experiencias como la mía la viven muchos infantes hoy día, pues siendo realistas los padres solo gozan el baño de sus hijos, durante sus primeros meses de vida, quizá en su primer año, después se vuelve una actividad forzada, cansada y aburrida.  Las madres y padres solo desean una cosa con el paso del tiempo: que sus hijos estén limpios. Atrás queda el disfrute, la ternura y la novedad de pasar tiempo con un bebé que está a nuestra merced y que nos enternece con cada cosa que hace.  Ahora es un niño que no se deja bañar, que se desespera, grita y llora, cuando todo debería ser fácil y rápido.  

Y los padres, bueno los padres ¡tenemos prisa!, además ya no esta tan lindo que tiren agua fuera de la tina, o que quieran mantener la regadera abierta durante toda la ducha. Ya pensamos en lo que cuesta el agua, o en ser ecologistas  y no desperdiciarla. Y estos niños que no quieren entrar al baño, después de mojarse no quieren salir (aunque eso a los adultos también nos pasa).  

¿Y qué hacer entonces?  Organizarnos 

  1. Tiempo: Establecer un tiempo y una rutina de baño es indispensable.  Escoge un horario que no sea motivo de conflicto y estrés. La duración del baño también tiene que ser marcada, ni demasiado corta ni mucho menos muy larga. Una vez a la semana podrías ser más complaciente y hacer que su baño sea un poco más duradero.
  2. Ambiente: Procura que el cuarto de baño sea un lugar ameno, y si tus hijos tienen la posibilidad de tener su propio baño, déjales que lo decoren un poco a su gusto. Eso sí, deben mantener el orden para que sea un espacio de relajación además de limpieza. 
  3. Música: La música hace que la ducha sea verdaderamente otra experiencia (tú lo sabes).
Estos tres puntos son totalmente aplicables tanto si aún ayudas a tus hijos a bañarse, como si los dejas hacerlo por sí mismos.  Generalmente los chicos comienzan a bañarse solos por ahí de los 7 u 8 años de edad, puede que un poco más jóvenes, pero sabemos bien que la calidad de su baño no es la más adecuada, por lo que recomiendo entrar a checar (sin ser demasiado invasivas en su privacidad) cómo llevan a cabo su ritual de limpieza orientándolos en posibles sitios que generalmente olvidan, como los oídos y la espalda. 

Siguiendo estos tres sencillos puntos, la hora del baño puede transformarse de una mala experiencia a una verdaderamente buena. ¡Y no solo es adecuada para ellos, sino para nosotras también (y bueno sí, para ustedes hombres igual)!

Llévalos a cabo y escríbenos para saber tu experiencia, verás que la hora del baño no será jamás la misma. 


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