¡Soy como mi madre!



¿Te acuerdas cuando pensabas en ser madre? Todas las ideas revolucionarias que tenías en la cabeza sobre cómo educarías a tus hijos, las cosas que jamás les harías a tus hijos porque a ti te parecieron horrorosas cuando eras niña. Sí, es muy común que queramos ser "diferentes" y ser un parte aguas en la educación de los nuevos niños.  

Y ahora que ha pasado el tiempo ¿eres la madre que querías ser?  Seguramente te dirás que sí, pero la verdad es que te has cachado muchas veces repitiendo algunas cosas de tu madre, que seguramente a tus hijos les hará decir en el futuro: "no voy a hacer como mi mamá".
"¡Porque soy tu madre!", es un clásico generacional, pero es de las cosas menos importantes a la hora de repetir patrones. Lo verdaderamente importante, es cuando nos cachamos diciendo o haciendo cosas que lastiman la autoestima de los niños: violencia verbal, violencia física, peleas entre los padres, ausencia de afecto, falta de convivencia, sobre compensación con cosas materiales, en general una desarmonia familiar que emocionalmente crea fracturas en la psique y cuerpo emocional de los hijos. 

Y cuando todas estas cosas pasan, nos decimos que es "normal", que si crecimos así, nuestros hijos pueden superarlo fácilmente.  ¿Pero por qué tiramos tan fácil la toalla cuando se trata de ofrecerles otro estilo de educación y vida?  No porque no queramos, sino porque no podemos. No podemos transformar afuera, que no hayamos sanado internamente. Por mucho que te repitas a ti misma que lo vas a hacer diferente, eso no será así hasta que comprendas que hay algo que necesitas mejorar dentro tuyo. 

Los seres humanos nos acostumbramos a repetir patrones, es como si nos introdujeran un chip con toda la información que se ha desarrollado a lo largo de los años, y sobre todo que ha sido base de tu árbol genealógico. 
Si escarbamos un poco en nuestras historias, veremos que la educación ha sido muy similar de generación en generación. Se repiten con mayor o menor frecuencia los mismos problemas, los mismos traumas; inclusive se calcan casi idéntico las historias de problemas maritales. 

Entonces por más que quieras, el simple deseo no hará que cambien las cosas. Es necesario realizar un profundo trabajo personal, acompañado de terapia que ayude a liberar toda la basura tóxico_emocional que se acumula por generaciones, gracias a la genética emocional. 

Cuando te des cuenta que ser como tu madre, va más allá de una simple cuestión simpática, sino que esta repercutiendo en la salud emocional de tu familia, es momento de acción y buscar apoyo, no solo por el bien de tus hijos y hasta de tu pareja, sino y principalmente por tu propio bien. ¿Acaso no desearías vivir con tu propia personalidad? ¿Ser verdaderamente la madre que quieres ser y no la que te toco ser?

Si tu respuesta ha sido sí, ya has dado un gran paso para tu liberación y para alcanzar una vida plena en familia. 

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