Alimentar es más que cocinar

navidad galletas, niña y mamá



Realmente no importa qué creencias tengamos, todos nos transformamos en diciembre. Ya sea por la Navidad, por Hanukkah o simplemente por saber que es el último mes del año, todos tenemos esta necesidad de sentir alegría, empatia y amor por todo lo que nos rodea. Y aunque también existen momentos de melancolía. la verdad es que siempre deseamos que nuestra familia esté contenta y tratamos de hacer todo lo que está a nuestro alcance para que pasen una temporada feliz.  Pero (sí, sí hay un pero) a veces nos desenfocamos de lo realmente importante de esta temporada y su energía, que es dar de nosotros, lo que somos, y no desde dónde podemos adquirir para dar.  
Y no esto siendo grinch, para nada. Ni mucho menos digo que no inviertas en obsequios para los seres amas. A lo más intento convencerte que todo lo que tu familia pueda necesitar esta en ti, en quien tú eres y todo lo que existe en tu ser.  

Yo sé que a veces nuestra familia y sobre todo nuestros hijos en ocasiones parecen apreciar más algo hiper caro comprado en la tienda online  de moda o en la plaza más costosa. Y eso nos hace sentirnos pequeñitos y desvalorados, pero lo cierto es que es solo una percepción que si nos la creemos nos puede dañar en verdad.  Pues en lugar de disfrutar estas fiestas, caemos en el estrés de conseguir los recursos suficientes para regalar apreciación a nuestros pequeños. ¿Y cuánto les dura ésa apreciación? lo que su interés quiera, porque no me dejarás mentir que muchos de los juegos y juguetes que les compraste en otras ocasiones, los disfrutaron un par de días o dos o tres meses. Y cuando preguntas por qué ya no juegan con ellos, muy sinceramente te dicen que "porque ya no les gusta".  ¿Y todo tu trabajo y esfuerzo para dárselos?  en el baúl de los recuerdos. 

Y hablando de recuerdos, yo no sé tú pero a mí me son más memorables los momentos de felicidad que me otorgaron mis padres con sus sonrisas, abrazos y juegos, que los juguetes que me obsequiaron. Y no es que no tenga en la memoria aquellas cosas materiales, pero la verdad es que de todo lo que tuve, dos o tres cosas son las más relevantes, otras más se desvanecieron en el tiempo.  No así el tiempo en que mi padre se daba espacio para jugar al rey y a la princesa, o cuando mi madre nos llevaba al parque a jugar con nuestras mascotas, imagínate a unos niños paseando en lugar de perros a dos cotorros comiendo churros ¡éramos la sensación!  
Mi baúl de los recuerdos está en mi mente y esas cosas no les costaron a mis padres dinero, sino ganas de pasar tiempo con sus hijos, y hoy quiero invitarte a que no te truenes los dedos por decirle a Santa Claus qué quieren tus hijos, allá él que se haga bolas si consigue o no el obsequio, todo se agota tan fácilmente que tus hijos seguramente entenderán que cada vez hay más niños y los productores de sus juegos favoritos no se dan abasto.  
Hoy quiero invitarte a amasar recuerdos que queden perdurables en la memoria de tus hijos. Entiendo que durante estás fechas, queremos que todo quede perfecto. Que no se mete a la cocina quien no sabe cocinar y que no adorne el que no tenga buen gusto. Pero lo perfecto no está en la apariencia sino en la esencia, y ésa solo la da el deseo de dar. Yo no soy muy diestra para la repostería, pero he visto que tiene su gracia a la hora de participar. Tan solo pensar en la sensación que tendrá el comensal con el resultado de mi esfuerzo, me dan ganas de intentar y hacerlo mejor cada vez.  Te pongo este ejemplo, no porque dude de que tú seas genial en la cocina, sino porque tal vez creas que tus hijos no lo son y que poca cosa pueden aportar. 

El titulo de esta entrada es "Alimentar es más que cocinar", y estamos acostumbrados a que los únicos que son capaces de alimentar son los mayores, los que trabajan, los más fuertes. Pero si de algo me he dado cuenta por experiencia personal como profesional, es que los niños son estupendo a la hora de alimentar. Cuando un niño o niña cocina (y dicho sea de paso lo hacen mejor que los adultos), no solo están pendientes de los ingredientes y las cantidades, sino del amor que le ponen a sus creaciones. Esa es una grandiosa forma de alimentar a su familia, porque aunque no lo creas, todo sabe mejor. Pero al mismo tiempo ellos también están siendo alimentados por tu confianza, compañía y por la diversión que ambas partes le dan a ése momento culinario. 

Cuando en nuestra mesa en navidad se menciona que tal pan o tales galletas participó en su creación los niños de familia, todo mundo quiere probar, ellos se sienten geniales, apreciados y satisfechos de haber dado su energía amorosa en un bocadillo a degustar.  Durante meses se menciona lo bien que lo hicieron, lo rico que supo y lo felices que nos hicieron. Este año por ejemplo me sorprendió mucho uno de ellos que dijo que el Santa le trajera lo que quisiera, porque está más ocupado en ver qué puede dar esta navidad para consentir a su familia, y te estoy hablando de un niño de 10 años. Para mí esto es genial, porque sin duda ése es un gran mérito que hará que su regalo de navidad sea acorde a su actuar.  
Sin embargo, nada de lo que te estoy contando es posible sino existe tu presencia de antemano. Sino estás ahí para fomentar nuevas cosas (obviamente con el debido cuidado y responsabilidad), sino estás ahí para crear y hasta echar a perder cosas juntos. Para dejar de pensar en lo perfecto para sentir en lo ideal.  Y sabes que es lo ideal para tus hijos,

¿Cómo vas a pasar tu navidad esta vez? ¿Con mucha perfección pero detrás mucho estrés y frustración? Yo te recomiendo (si me permites) que la pases con diversión, con alegría, dando lo mejor de ti, porque solo así no habrá dolores de estómago después de la cena, ni habrá gripes sorpresas a la mañana siguiente. Crea un baúl de recuerdos memorables y no de cacharros que no se utilizaron. 
Y recuerda, tú eres la pieza clave, sé el motor de tu familia. 




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