La igualdad: empoderamiento de la pareja.

hombre con mujer

Desde que el hombre y la mujer existimos, hemos tenido la misma corazonada: "somos distintos". Y aunque en la actualidad existen cada día más bases científicas para dar por cierto lo que siempre hemos sabido, es cuando más buscamos la igualdad. ¿Pero por qué?

En un particular punto de vista creo que ya estamos cansados de no entendernos, y la idea de hacernos iguales nos alimenta la ilusión de mejorar nuestras relaciones. No obstante, es precisamente en la actualidad cuando se han disparado de forma descomunal la separación en pareja. De alguna forma nos estamos perdiendo cuanto más "iguales" nos vamos haciendo. 

Para entender lo anterior, le preguntamos a 50 parejas en una relación matrimonial (da igual si están casados legalmente o no, el hecho de vivir bajo el mismo techo y tener hijos bajo su protección ya se considera matrimonio en cuanto a lo emocional se refiere), ¿qué  consideran igualdad?. Entre los puntos más destacados resaltan: "tener el mismo derecho de tener trabajo", "aportar ambos para el sustento familiar", "ayudarse mutuamente en las labores domésticas", "tener libertad de recreación", "ser independientes en cuanto a sus necesidades" y "mismas responsabilidades en la educación de los hijos". De esas 50 parejas, por lo menos 5 creen que han conseguido en un 90% dar con su idea de igualdad. Y al preguntarles si esa estructura igualitaria les ha había ayudado a tener una relación emocional más satisfactoria y  logrado comunicarse y entenderse mejor con el otro, la respuesta fue: no. 

Entonces, o la igualdad no funciona o la estamos aplicando mal. Personalmente siento que es lo segundo, porque la diferencia entre hombres y mujeres no se trata de cuánto o en qué trabajamos, sino en cómo sentimos. ¿Pero se puede ser iguales en la emoción? Si.
Ambos géneros constamos con lo que se conoce como energía masculina y femenina. Todos las hemos utilizado alguna vez, aunque dejamos que nos influya una más que la otra. Por ejemplo, a ambos nos gusta expresarnos, pero no por los mismos temas y mucho menos en la misma intensidad. Las mujeres por ejemplo necesitamos constatar más las cosas y ellos se mueven más por un acto de fe. 
Ahora si juntamos estos dos aspectos en una conversación ficticia sobre cualquier tema, diremos que ella necesita mucho más de palabras y detalles para saber cómo se va a llegar a la solución de un asunto: "¿qué vas ha hacer?, ¿cómo lo vas a hacer?, ¿por qué sí o no lo hiciste?".  Por su parte él tienen perfectamente desarrollado en su mente el "qué, cómo, cuándo y si se puede o no". 
Entonces, bajo este ejemplo diremos que seguimos en la certeza de que somos perfectamente distintos. ¿Cómo entonces podemos sentir igual?, por el resultado
En una pareja ambos deben vibrar por el mismo resultado y no perder el tiempo en la forma. Porque lo que nos hace ser iguales es el propósito no el medio para llegar a él.

Muchas de las parejas encuestadas tienen clara la igualdad como resultado material, pero no la emocional. Ambos pueden trabajar y ganar lo mismo, ambos pueden realizar las tareas del hogar y estar al pendiente de sus hijos, pero si no saben a dónde quieren llegar como pareja y como familia, difícilmente podrán ser compañeros y mucho menos actuar en igualdad. Ahora, supongamos que en lo aparente (o lo material) distan mucho uno del otro y que existe una marcada diferencia: uno trabaja y el otro no, uno tiene más capacidad de orden y el otro no, hay un desequilibrio en el tiempo y organización de actividades con los hijos, en fin digamos que a todas luces no son iguales, pero su vida marital y familiar va viento en popa. Claro, estos ejemplos no necesariamente son así, pero estamos suponiendo con el propósito de darnos cuenta que no es en lo aparente donde debe existir la igualdad, sino en lo sutil

La mayoría de la gente se dice igualitaria en su vida marital, por ejemplos simples como: "Ella trabaja y yo hago labores en casa", "él tiene libertad y yo también me doy mi espacio", pero incluso ése tipo de parejas llegan a consulta por sentir en el fondo que algo no funciona bien y sentirse vacíos.  Y claro, porque no hay un propósito que los haga iguales.  
Nunca debemos guardar la idea en el cajón más escondido de la mente, sobre que toda relación es una sociedad, no solo económica y afectiva, sino de crecimiento mutuo. Y para que exista ese crecimiento se necesitan las diferencias

Volvamos al ejemplo de un tema cualquiera. Ambos tienen la necesidad de dar solución a un problema: ella expone con detalles la situación pero de manera breve (no quiere perder la atención de él), él por su parte escucha palabras claves entre toda la explicación de ella, obviamente no tiene ningún interés de extender la charla del problema, simplemente analiza en su mente el asunto y responde que encontrará una solución. Si ambos están comprometidos en el resultado, ahí quedo liberada la charla. Ella expuso el tema y él dará la solución. 
Pero en esta ecuación fantástica, hay algo dentro de ti que esta diciendo ahora mismo: "ay sí claro, ¡cómo  si fuera tan fácil!". Una mujer dirá: él no se compromete con la solución, por el contrario puede pasar tiempo y lo olvida". Por su parte un hombre puede exponer: ella no confía en mí, y nunca para de repetirme una y otra vez el asunto hasta hartarme".

Sin una emoción y resultado en común, es verdad lo que ambas partes piensan. 

Ahora piensa, ¿tú crees que en una empresa los socios dudan el uno del otro y se repiten todo el día lo que acordaron en la junta de la mañana? ¡claro que no!. Ambas partes confían en que logran hacer lo que les corresponde y en lo que el otro se comprometió a realizar.  
En un matrimonio es lo mismo, te comprometes cuando algo te importa. Y aquí esta la clave de todo ¿te importa tu vida marital y familiar?

Nada resiste si se le jala por extremos opuestos, y solo se destruye lo que aburre. Tanto el hombre como la mujer pueden desear igualdad de acción y trato en su vida de pareja, pero antes de ello deberíamos plantearnos qué esperamos de esa igualdad, y sobre todo qué creemos que nos (da) llena que el otro sea igual a nosotros. 

Y ojo, no estoy diciendo que no tengan derechos ambos a desarrollarse, a ser participativos e independientes en lo económico, solo que si eso no los hace crecer desde lo interno no valdría el tiempo y espacio de estar con otro si vamos por caminos emocionales distintos. Porque para eso cada uno puede tener su casa personal, ocuparse solo de sus necesidades y dividirse la de los hijos. Pero aquí no estamos hablando de hombres y mujeres por separado, que ahí puede variar la cosa, sino de matrimonios cuya idea inicial era la de crearse una familia con proyecto a futuro.

Aquí estamos sembrando la semilla que proporcione el interés por la igualdad de resultado. 

Si ambos siguen teniendo y manteniendo el propósito de su unión en su vida, los medios para conseguirlo en lo externo depende de los dos. Pero nada tiene valor en lo externo si primero no lo tiene en lo interno. 

Así que cuando vuelvas a pensar en las diferencias, primero pongan sobre la mesa si hay una emoción aún en común. Después de ello, si la respuesta es sí el camino es más fácil. Porque para entender a tu pareja, ya sea hombre o mujer, solo tienes que acudir a tu energía afín a su género. Utilizar esa capacidad en el momento adecuado te librará de peleas o desilusiones sin sentido, pero si ambos aprenden a desarrollar su capacidad de interacción vibracional interna, las cosas irán a mejor. 
Todo depende de qué grado de compromiso tengas contigo misma/o y qué grado mantengan ambos con su propósito. Si crees que lo han olvidado, o se esta disolviendo es momento de buscar quién pueda re_encaminar su propósito.

Si tienes alguna duda o comentario, ponte en contacto a través de las redes sociales o utilizando la casilla de contacto en el menú principal dando click en la parte superior de la izquierda. 

Con imagen: Ryan McGuire
Texto. Jacklyn M.




Recibe en tu e-mail todas las novedades


PFHS no manda spam ¡Es una promesa!

Lo más leído