Mamá, papá: seamos como perros

niño abrazando perro


No podían dejar de mirarlo,tenía los ojos más tiernos del mundo. De pronto el corazón les  brindó una sensación nueva: un deseo profundo de cuidar, proteger y amar que solo era comparable cuando Octavio y Claudia se enamoraron, pero que con el paso del tiempo se fue difuminando en necesidad de estar juntos para dar sostén a su familia.  Pero, esta nueva sensación les daba un ánimo que casi habían perdido, el deseo de sentirse capaces de disfrutar nuevamente de la vida con éste nuevo ser. 

_¡Paco lo va a amar!_ Le dice Claudia a Octavio.  Con una sensación de alivio interna, que se guardó para sí. 
_Tienes razón. Es justo lo que necesita._ Responde Octavio, reafirmando en su mente "es justo lo que necesita". 

Paco es el hijo de Claudia y Octavio, un chico de 10 años que ha aprendido a divertirse como todos los niños de su edad: con el atractivo que le proporcionan los vídeojuegos y el efímero interés que le dan los juguetes. Claro, que tampoco se puede decir que sea un niño apático, porque aunque pocos, cuenta con algunos buenos amigos con los cuales sale de vez en cuando a andar en bici, para después recluirse en la casa de alguno para jugar vídeojuegos.

Cuando Claudia y Octavio están en casa, aprovechan la mayoría de su tiempo en estar separados uno del otro con la excusa de que la jornada laboral les deja demasiado cansados y lo único que quieren es estar en paz y a solas.  En cuanto a Paco, bueno, no es que no procuren hacer lo posible por convivir con él, solo que al final se sienten tan fuera de lugar que no saben qué hacer o que decir. Por eso, aunque saben que demasiadas horas frente al monitor no es bueno para su hijo, prefieren hacer caso omiso de lo que saben y dejarlo "divertirse" ya que ellos no pueden competir con la tecnología.
Pero esta vez ambos se sienten diferente. Sienten que después de mucho tiempo han vuelto a ser equipo por el bien de un miembro de la familia, aunque interiormente cada uno esta haciéndose un bien así mismo. 

Al llegar a casa, gritan eufóricos a Paco que venga a ver lo que han traído. Paco baja deprisa derrapando sus tenis por el piso, imaginando un nuevo juguete o quizá pizza para cenar y para en seco cuando ve algo que no dan créditos sus pequeños ojos marrones: ¡un perro!.  Paco no lo puede creer, ¡en casa hay un perro!, sus padres son tan estrictos con el orden que no cabe en su cabeza que hayan traído un cachorro a casa.  Pero no piensa hacer ningún comentario al respecto, no vaya a ser que se arrepientan y se lleven a tan linda criatura. 

_¡¿Cómo se llama?!_ dice Paco con gran entusiasmo. 
_Aún no tiene nombre_ responde Octavio.
_¡Qué se llame Tobby, qué se llame Tobby!_ replica Paco 

El pequeño labrador es finalmente bautizado como Tobby y toda la familia se siente automáticamente feliz. 

Aunque se suponía que Tobby era un regalo para Paco con el que Claudia de alguna manera lo compensa por no tener mucho tiempo para él, ella amaba más al perro que su propio hijo. Por su parte Octavio se sentía de alguna manera renovado y hacía cosas que antes ni imaginarlo. Tanto que tenía impresionados a su esposa e hijo por cómo dedicaba tiempo a entrenar al perro y a hablarle con franco cariño. 
A decir verdad, Tobby era una necesidad para esta pareja que poco a poco había ido perdiendo la capacidad de dar al otro sin agenda dentro de su matrimonio. Y como padres no se diga, durante los últimos 7 años se estresan tanto de no saber qué y cómo comportarse con su hijo, que Tobby los hace sentirse igual que durante los primeros años de Paco: felices, necesarios y cero juzgados

Por su parte el pequeño Paco, pues sí, se siente contento con Tobby, pero a veces le gustaría ser perro, o la menos su perro Tobby.  Al labrador todo el mundo lo quiere, le hacen cariños y le perdonan todo. Sin embargo a él, siempre lo culpan por no estar al pendiente de las travesuras del perro, no le dan lo que quiere comer así imite a la perfección la cara de ternura del cachorro, y mucho menos aceptan sus padres salir a jugar con él cuando tiene ganas; cosa que no pasa con Tobby que apenas mueve la cola alguno de los padres quiere salir a pasear con el pretexto de que no se vaya a hacer en la casa. 

Con el paso del tiempo, Tobby se ha vuelto el eje de convivencia de la familia. Pueden discutir en torno a él, pero inmediatamente surgen las risas o los "aww" cuando el perro los mira con ternura.  No obstante cuanto el perro está fuera del radar de cada uno, cada quien vuelve a lo suyo y Octavio y Claudia solicitan sin decirlo su tiempo a solas y en paz

Por qué Claudia y Octavio no pueden ser su Tobby el uno del otro.

Ser comparado con un perro es de las cosas socialmente más reprochables, pero si lo analizamos bien, podría ser de las enseñanzas más productivas en nuestras vidas.  
La mayoría de la gente ama los perros por considerarlos amorosos y leales. Todo el mundo dice que no importa lo que le hagas a un perro, éste siempre te va a amar incondicionalmente, siempre querrá estar contigo y nunca te juzgara por tu aspecto o tu forma de ser
Cuando éste matrimonio se emocionó con la idea de darle un perro a su hijo, lo que realmente estaban buscando era tener todas las cualidades del perro.

Los humanos tenemos muy presente la idea del dar y recibir, sobre todo recibir más si se puede dar menos. En los caninos esto no es así. Un perro escoge un "amo" (amor) y lo quiere bajo toda circunstancia, así  algunos días lo trate mal, cuando recobre la cordura lo volverá a tratar bien y él lo seguirá amando. 
Los seres humanos no, si algo falla vamos disolviendo el amor. Decimos que amamos, pero poco a poco pedimos más y más tiempo a solas por nuestra paz, aunque en apariencia estemos "juntos".  

Todos necesitamos un Tobby en casa y convertirnos en uno. 

Muchas veces preferimos enfocar nuestra atención en una mascota porque nos resulta más fácil amar y nos sentimos más auténticos con ellos, al fin y al cabo no nos juzgan, ni reclaman, ni reprochan o nos dicen que debemos de cambiar. Nos aman verdaderamente sin condiciones y por eso somos "libres" de ser como somos junto a ellos.  Pero ¿y si nos volvemos un poco Tobby?, entonces no se trata de ser aceptados o amados, sino de poder aceptar y amar a los miembros de la familia tal como son y nosotros ser tal como somos

Quizá Octavio ya no siente la confianza con Claudia para ser un tanto "infantil" y simple en el amar; posiblemente ella le diga que ya han pasado los años y deben madurar. Por su parte Claudia ya no se siente tan creativa para mantener la llama con Octavio, y prefiere amar a un perro que le brinda la simpleza de ser como ella es sin renovarse. Ambos seguramente desean pasar tiempo con Paco, pero Paco se ha vuelto tan "moderno" y de todo los cuestiona, que ellos ya no se sienten tan aptos para divertirse con él. Ya no es el niño pequeño que solo se conformaba con caras chistosas, besos y cosquillas; ahora quería unos padres más actualizados con su mundo, y no siempre podían lograrlo. 

Por su parte, Tobby es simple. Solo quiere amar, lo único verdaderamente importante en su vida es estar listo para cuando sus dueños quieran estar con él, y él estar listo para darles compañía. Claro, esta el tema de alimentarlo y sacarlo a pasear, pero en general es feliz con que sus dueños se dejen dar una lambida cada tanto. 

Da perfectamente igual si en casa tienes o no una mascota, lo realmente relevante de la historia es darnos cuenta de que podemos obtener lo que necesitamos si estamos dispuestos a ser simples y aceptarnos dentro de la familia. Un buen comienzo para esta pareja y su hijo, es salir a pasear con el perro en familia, no como antes que cada uno lo hacía por su lado, sino hacerlo juntos. Dejar esos momentos de paz, para hacer momentos de convivencia y armonía. Entrenarlo juntos les dio la posibilidad de ser más abiertos y tener menos prejuicio a la hora de ser más simples y "hablar con un perro", al fin y al cabo si se logra que un perro entienda, cuanto más podemos lograr hacernos entender en familia o pareja y dejar las excusas del: "ya no nos podemos comunicar".

Tobby llego a esta familia como medio de evasión, pero con inteligencia lograron hacer de él un terapeuta familiar, todo es cuestión de saber ver la oportunidad cuando se presenta, ya que muchas veces creemos que lo sabemos todo y que juramos que no hay salida para lo que nos aqueja, si observamos bien, la mejor enseñanza puede venir con la mirada de un perro. 

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Con imagen de V.Ivash 


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