La paternidad ¿mata a la pareja?

padres durmiendo con hijo

"Eran  dos, ahora son el infinito entero"


Con mucha frecuencia las parejas que se convierten en padres atraviesan un choque de sentimientos e ideas acerca de lo que "cómo debe cambiar su amor", ante la presencia de la responsabilidad que conlleva la crianza de un hijo. 

Por un lado las mujeres suelen sentir cierta culpabilidad si no enfocan toda su atención a sus vástagos, pues de pronto su deseo de recibir atención, se convierte en una necesidad de dar más atención a esos seres que son parte de ella. 
Por su parte, los hombres experimentan algo similar aunque con un enfoque totalmente distinto. Para ellos, su mujer deja de ser la "fuente" de su deseo para convertirse en imagen de respeto, pues deja de ser en su psique su amante, para convertirse en la madre de sus hijos. 

De aquí viene la idea de que el amor cambia con el tiempo, que deja de ser "pasional" para convertirse en algo más "maduro" y "duradero". De ahí que muchas parejas jóvenes o adultas, experimentan esa sensación de ser felices por un lado, pero infelices por otro. 
Obviamente hay una gran satisfacción por ser padres y formar una familia, pero en el fondo tienen cierta añoranza por ser aquella pareja de dos que se divierten, se apasionan y disfrutan de su compañía y nada más. 

Las parejas más optimistas, piensan que el "sacrificio" de ser padres vale la pena y que volverán a tener su tiempo cuando los hijos abandonen el nido. Entonces volverán a estar juntos y podrán hacer "eso" que las parejas hacen.  Existen otros más que no soportan la idea, y que ven como única salida la infidelidad o bien el divorcio. Pero ¿realmente ser padres es lo que puede llegar a matar a la pareja?  ¡Por supuesto que no!

Lo que puede llevar a la fractura de la pareja es la falta de conocimiento, o el exceso de información equivocada. 
Culturalmente se ha arraigado la idea de que lo más importante en la vida de una pareja es la familia, y ésa imagen de familia tiene sus estatutos morales para hombres y mujeres. Por ejemplo: una mujer que se convierte en madre, acepta de pronto una serie de nuevas cualidades que de alguna manera la hacen sentir más valiosa personal y socialmente. Es una madre, y como tal entra en la categoría de súper mujer sobre todo en el tema del amor, es decir, de pronto se la reconoce como alguien capaz de amar incondicionalmente, de sacrificarse y luchar por el bien de su familia (hijos), deja de sentirse una mujer "común" para sentirse una de respeto; y finalmente una mujer solo siendo madre acepta sin enojo el término "señora". 
Otra manera de darnos cuenta qué tan valiosa es la maternidad en la mente de las mujeres, es cuando existe alguna pelea o situación que hiera a la mujer en relación a su marido, siempre dirán: "no me respeta, soy la madre de sus hijos".  Casi nunca, y yo diría que jamás dicen: "soy su pareja, la mujer que le ama, su socia de vida", no, lo relevante aquí es ser la madre de los hijos del hombre que se quiere.

¡Ah! pero los hombres no se quedan atrás.   "Es la madre de mis hijos" (puede aparecer con un "pero" antes), ¿te suena esta excusa masculina, a la hora de tratar temas de pasión, o que sea la "razón" por la cual muchos varones no acceden al divorcio y prefieren ser infieles?, y hombres y mujeres aceptan esa idea en diferentes culturas y dichos al expresar: mi esposa es la catedral, mis infidelidades son capillas. Y esto porque se eleva a la mujer a grado de santidad por ser ¿qué?, ¡la madre de los hijos!

Expresado lo anterior podríamos resumir que sí, la paternidad (maternidad) puede matar a las parejas en el ámbito amoroso. Pero, eso es falso. 

La verdad es que todo lo anteriormente dicho es solo una idea aceptada a lo largo del tiempo, que parece ser interesante en un principio pero que en la práctica es perjudicial no solo para la pareja, sino para la familia. 
No conozco ningún hijo de ninguna generación que le halla gustado o aceptado con agrado  la idea de que sus padres se mantuvieran juntos solo por la paternidad y no por amor; pero si es bastante común ver como esos hijos en diferentes generaciones repiten el mismo patrón. 

No existe cultura (sabia) o religión (bien estudiada), que dicte todo lo antes mencionado. Si nos adentramos a profundidad lo que cada cultura o religión trata de expresar, en su mayoría ponen muy claro el valor y poder que tiene el amor con deseo en la pareja. Y leíste bien, deseo. 
El deseo es la fuerza que mueve la intención de amor. Se ama lo que se desea y se desea lo que se ama. Puedes desear algo, pero sin amor no florece, y puedes amar pero sin deseo no se expande.  Amor y deseo van de la mano, pero a menos que dejemos de pensar que el volverse padre o madre significa abandono del deseo por la pareja, habrá familias que aparenten ser felices, pero estarán vacías por dentro. 
Caso contrario a matrimonios de adultos mayores que comprendieron este secreto y tanto él como ella, mantienen el interés y el deseo por el otro. Cuántas veces has escuchado a ancianos de 80 o más decir que siguen enamorados de su pareja, y jamás esperaron a que sus hijos se fueran para demostrase amor y deseo continuamente. 

Si aceptas la idea de que el amor cambia con la llegada de los hijos, para aceptar que estás en un nuevo estatus de amor familiar solamente, podrás aparentar muy bien que tienes una familia perfecta, pero habrás perdido la fuente que la alimenta: tu pareja. 
Dejar de verse o ver a la madre como un nuevo ente "inmaculable" es el primer paso para dejar de sentir esa confusión interna entre la felicidad de ser padres y perder el vinculo de pasión y amor. 

¿Y cómo se hace eso? 

Yo te pregunto, ¿te comportas igual cuando vas a un bar, que cuando asistes (sí asistes) a un templo o punto de reunión religiosa? 
Pues igual, cuando esta papá y mamá con  los hijos, son unos y se comportan de cierta forma,  pero cuando están a solas, los trajes de padres deben ir al armario. De esta manera realmente pueden ser fiel a la idea del "crecer y reproducirse": crecen en amor al expandirlo en todas sus variantes y no disminuirlo a cambio de otra experiencia, reproducen la base de la creación: darse sin que tengan que quitar para seguir dando.

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Con imagen de Teksomolita
Texto: Jacklyn M.








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