Papá, mamá: ¡basta ya de compararme!


"La comparación es una enfermedad, una de las mayores enfermedades. Nos han enseñado a comparar desde pequeños. Tu madre comienza comparándote con otros niños. Tu padre te compara. Los profesores dicen: Mira a Johnny, qué bien lo hace todo, y ... tú no lo haces bien en absoluto."  Osho 


Uno de los mayores consejos establecidos socialmente es el de "dejar de compararnos con otros",  y reconocer la autenticidad innata con la que cada uno nacemos. Pero qué sucede cuando la comparación viene de los demás y en lugar de afianzar la confianza de quien se es, se inculca una duda constante de no ser suficiente y ser carente de personalidad única.
A pesar de que muchas veces se utiliza la idea de comparar con el propósito de "impulsar" el mejoramiento de la personalidad, lo cierto es que la mayoría de las veces el efecto es totalmente contrario a la intención. Por otro lado, también existe la comparación con toda la intención de remarcar los "defectos" que comparten dos personas, por ejemplo: "¡eres igual a tu padre!, ¡sacaste lo peor de tu madre!

Seguramente a muchos de nosotros durante nuestra infancia nos compararon (o puede que aún ahora) con alguno de nuestros padres, con otro de nuestros hermanos o con algún compañero de clase. Si somos realmente honestos, aceptaremos que la comparación es una de las peores cosas del mundo, pues nadie quiere ser una copia de los defectos de otro, o un símil fotostático de lo que los demás consideran "buen ejemplo". Entonces, ¿por qué seguimos expresando la tradición de comparar?

La verdad es que la comparación es un desquite y/o una forma sencilla de expresar: no te acepto como eres. Y al mismo tiempo la mejor vía para confundir el estado emocional de una persona y sobre todo el de los niños. Y son precisamente estos últimos los que nos interesan ahora mismo, porque son estas personitas las que el día de mañana muevan el mundo a una evolución social o a una involución de la especie.  
Nuestras propias generaciones fueron a su vez la esperanza de años pasados, pero como realmente no se efectuó ninguna transformación en la formación, seguimos repitiendo viejos patrones obsoletos que como se ha demostrado hasta el día de hoy: no han funcionado para nada en favor de la familia y por ende en la humanidad. 

Toca ahora realizar un verdadero cambio de consciencia en favor de nuestros hijos y por efecto a los hijos de quienes nos rodean. Puede que efectivamente, tu hijo/a o alguno de tus hijos, tenga aspectos de las cualidades menos asertivas de alguno de los padres, pero créeme que no vas a cambiar eso remarcando en su psique lo que consideras tiene en común con su progenitor/a; ya que puedes obtener el efecto contrario a lo que quisieras conseguir. Igualmente, puedes pensar que resulta muy útil compararle con los hermanos o compañeros de clase, y podría suceder que trate de imitar para complacerte, pero, quieres crear un clon de alguien más o quieres formar a una persona auténtica que desarrolle sus propios talentos. 

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Con imagen de Gisela Fotografie 
Texto: Jacklyn Méndez 

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