Apatía y fracaso

hombre observando a su mujer en la cama


"Que la vida sea absurda no significa que debamos caer en una profunda apatía" 
Merlí 




Una de las cosas por las que hombres y mujeres mas se quejan después de convivir mucho tiempo juntos -sobre todo después de ser padres-, es la apatía. Pareciera que de pronto todo aquello que les parecía emocionante uno del otro deja de serlo, es como si la pareja se convirtiera en el buró de la cama, que funciona pero al que dejamos de darle valor simplemente porque está ahí al alcance de la mano. 

Para nadie es un secreto que el hombre (más como especie que como género), precisa de novedad. De manera intrínseca posee el deseo de la "caza", de la conquista, del someterse a sí mismo al escrutinio de su valía en favor de cuánto puede lograr.  Cuando entra en un estancamiento creativo y de solvencia material, todo su mundo se vuelve una cueva oscura, de la cual a primera instancia no sabe salir por iniciativa interna, sino que se deja influenciar por alguna "luz" externa. 

Por su parte la mujer está mucho más familiarizada con la seguridad, con lo que la haga sentir estable, con la planificación más allá del ir sorprendiéndose día con día.  La mujer no precisa tanto de reafirmarse en cuestión de cuánto puede poseer, sino en cuánto puede dar.  

Ahora, si llevamos esto a un punto de relación de pareja, resulta muy atractivo en la primer etapa de su conformación. El hombre tiene ganas de conquistar a la mujer que sabe le hace sentir valioso, y no por que ella se lo exprese, sino porque a través de su deseo por ella, él quiere sacar lo mejor de sí. 
En ése estado de conquista, él se vuelve más creativo y planea en su mente todo lo posible para crear una vida estable con la mujer que ama.  

De frente esta la mujer, escuchando y visualizando el potencial del hombre que anhela conquistarla. Más allá de instintivamente aceptarlo para la procreación, a la hora de elegir pareja, la mujer pone a su servicio el instinto de mirar el futuro y ver si con ésa pareja es probable crear estabilidad.  


Y qué tiene que ver todo esto con la apatía y fracaso, te estarás preguntando ahora. Pues nada y mucho.  Como ya hemos mencionado, todas las características mentales y emocionales de hombres y mujeres son totalmente armónicas en el momento de conseguir su unión, pero al mismo tiempo se vuelven la razón de que una vez establecida dicha unión, resulte complicado el mantenerla sin tanto conflicto.  

Una vez que la pareja esta establecida, ella se siente satisfecha con la idea de solidez y permanencia. Confía plenamente en que él conseguirá mantenerse en un estado creativo e inspirado, no solo para sostener el hogar, sino para mantener vivo el amor entre ellos y ser la figura paterna adecuada para sus hijos. 
Pero en la mente del hombre pasa otra cosa, ha conseguido su conquista, y quizá se motive un poco mas cuando se convierte en padre, pero una vez pasada esa racha, la motivación decae.  
¿Es culpa de la mujer? no, ¿es culpa de los hijos? no, ni siquiera es culpa del trabajo o de la situación de su país. Es simplemente que su visión se nubla y es "incapaz" de ver la novedad en lo conocido. 

Entonces viene y contagia a su mujer de eso que le pasa y no sabe qué es.  A ella no le queda más que perder la confianza en la solidez con que comenzó la relación. Ya no confía en que él sea capaz de ese apoyo, no solo en la necesidades de hogar, de los hijos, sino de ellos mismos como pareja. 

Ambos han caído en la apatía.

Él no sabe qué le pasa a ella, y ella no sabe que le pasa a él, pero ambos sufren del mismo mal. 
Es verdad que la rutina, las contrariedades del día con día pueden ser capaz de sacar de equilibrio hasta la pareja más sólida, pero si ambos conocen el secreto de retornar a su centro, las cosas se vuelven literalmente libres para fluir. De otra manera, si no nos ponemos en los zapatos del otro, lo que quiere decir ser empáticos, vamos directo al fracaso, y no solo como pareja, sino en todos los ámbitos de nuestra vida. Porque quien diga que puede sostener una vida familiar de fracaso y tener una exitosa profesional, va directo al abismo, porque la una influye en la otra tarde o temprano. 

¿Entonces qué hacer?

Reconocer los valores del otro que hacen nuevos los nuestros.  Pero para ello, es preciso dejar el ego de lado. 
Aquí a todos los varones le digo que sí, que les entiendo que precisan de valorarse y sentirse capaces de hacer nuevas conquistas. Pero también les recuerdo que mantener lo conquistado y acrecentar la fortuna es de mayor poder.  

Mujeres, si dan por sentado todo el valor del hombre lo están aventando al fango. Nunca crean que su pareja ha sido capaz de conquistarlo todo dentro de su unión de pareja y su vida familiar.  Pidan más. 
Y aquí no se está hablando de ser manipuladoras, sumisas o fomentar el machismo. Estamos hablando de leyes de energía universal.  Lo femenino recibe, lo masculino da.  Si lo masculino no da,  se "seca", si lo femenino no recibe se "seca". Amabas fuerzas precisan de la otra para mantener un orden.  

Cuando digo pidan más, es literalmente pedir más. Pero esto no es lo mismo a exigir. Y sirve el pedir, porque eso le da batería al hombre para generar más, por ende se vuelve más creativo, más activo, va en nuevas conquistas, pero estas las consigue para su reino ya establecido.  Esto genera satisfacción para ambas partes, uno para dar conquista, y la otra recibe y se siente en solidez.  

Aquí una pequeña aclaración, la mujer no precisa solidez por egoísmo o para sí misma, precisa solidez para crear en favor de quienes la rodean: pareja, hijos, familia. Si un hombre mantiene a su mujer con solidez, no es para que ella se tire en el sofá y solamente reciba vienes o afecto, es para que ella con eso que recibe haga más para ambos y para la familia. 

Quien dude de esto llévelo a la práctica, y verá que el éxito en todos aspectos será quien rija en el hogar. Sino, bueno, se podrá sostener una relación, pero no estará unida y siempre habrá un vació en ambas partes que se quiera llenar desde fuera.  

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Texto: Jacklyn Méndez









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